IV-¿Cuáles son sus últimas palabras?

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Caía lentamente, era un letargo desconocido pues nunca se había visto en esa situación, improvisaba como mantenerse concentrado y en pie. Su cuerpo no lo soportaba más, todo giraba, no sentía dolor ya que la humillación de verse vencido la suprimía, a pesar de estar totalmente  acabado y luciendo gravemente herido. Intentó mantener su orgullo y que ninguna lagrima sesgara el vacío que lo rodeaba, no lo logró.

—¡Grande Señorita!— Celebró Etelredo, no sin ser reprimido por un grito del más veterano al que llamaban Gran Dad.

—Cárguenlo y llévenlo al auto… reclamaré lo justo por mí victoria— El sentimiento de tranquilidad duró poco ya que una turba se vislumbraba en todo el barrio. Un número considerable de policías requisaba a cuanta persona se toparan e intentaba tranquilizar a algunos manifestantes que peleaban por motivos desconocidos para el grupo.

—Señorita… El camino está bloqueado por un retén policial…— Advirtió Gran Dad disimulando la preocupación, su mente maquineaba que podría ser lo peor que pudiera pasarles “Estar en compañía de un hombre semimuerto y saliendo de la escena de un múltiple asesinato”, no había terminado de pensar en el tiempo que estaría en cárcel cuando uno de sus compañeros varios metros delante de ellos fue abordado por un grupo de policías que recién se libraban de una pareja de borrachos exhibicionistas. El resto del grupo aún seguía vestido por las sombras del estacionamiento que se hallaba en el subsuelo. Quizás así él lo quiso, era obvio lo que sucedería, un sacrificio era preciso para que la visión que se plantearon al inicio de la misión se cumpliera. El resto vio (menos Constantina por ser invidente, ella lo sintió partir) como en un acto de heroísmo el más joven de ellos se acercaba a un grupo de oficiales que caminaban en dirección al estacionamiento y justo antes de hacer su cometido volteó la cabeza lentamente, sonrió tristemente y levanto el puño derecho al cielo

—Ciudadano, deténgase allí y muestre su identific…— Un brillo intenso alimentó la oscuridad existente por la falta de luminarias, luego una explosión, gritos, sangre y desesperación.

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Los noticieros locales no hacían más que repetir una y otra vez la información del comunicado oficial dado por la policía, acto seguido alguna entrevista de poca relevancia y un pase directo al lugar del hecho. De pronto rompen su monotonía y trasladan la señal al cuartel general de la policía:

“A las 2:41 a.m nuestro valiente cuerpo de policía se replegó sobre la zona este del barrio bajo para intentar frenar los constantes actos delictivos que se comenten en el sector. Nuestros hombres y mujeres actuaron valientemente logrando contrarrestar un tumulto formado por un grupo de manifestantes borrachos que adversan a la campaña de Seguridad Severa impuesta por el comisionado. Pero nuestros héroes no contaban con que estos terroristas llegaran tan lejos y utilizaran maniobras suicidas para hacer que su voz de violencia fuese escuchada. Este cobarde acto dejó un saldo de siete policías muerto, además del cuerpo en cenizas de la marioneta que uso este grupo llamado Fuerza de Liberación e Igualdad… Pero deben estar claros que este acto no quedará impune, pondremos en marcha una estrategia para desarticular este grupo de bandidos que busca Igualdad y Liberación con actos extremistas ¡No te saldrás con la tuya Anderson, sé que me escuchas!¡Ya fuiste demasiado lejos con esto!¡Ahora prepárate para la guerra!”

—Jujuju… este teniente nuevo viene con muchos ánimos… tendremos que bajarlo de esa nube en la que vive ¿o no mi princesa?— Dijo con una voz ronca de tanto Brandy que había bebido en horas de la madrugada.

—Si me permite hablar su señoría creo que deberíamos aclarar estas cosas antes de que los rumores tomen más fuerza. Se nos inculpa de terrorismo, acto que aún no hemos cometido— Habló con voz de intelectual un chico bastante joven y pálido.

Alma fríaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora