Capítulo 65.

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Nunca nadie me había regañado tanto. Ese día me sentí, literalmente, una niña de seis años que había roto algo importante.

Y es que habíamos roto varias cosas importantes, entre ella, la nariz de Mikel. Todo se había roto menos el contrato, claro. Paul y David llegaron a un acuerdo, luego de que mi representante lograra aflojarlo un poco. No íbamos a romper el contrato y continuaríamos todo cómo había sido en un principio. Cómo tendría que haber sido en todo momento. Cómo si a partir de ese día, en vez de controlarnos laboralmente, lo harían emocionalmente. Cómo si eso fue algo que se podría controlar.

Habíamos retrocedido.

Paul pasaba a buscarme para llevarme a la casa de Julián y que me fotografíen entrando. Julián me llevaba a comer algún lado afuera, dónde la gente podía vernos. Y luego, a mi casa. Así, todo el tiempo. Tres veces por semana. Compartiendo, cómo mucho, dos horas juntos. Por supuesto qué lejos de los eventos y fiestas privadas.

David se había instalado en Los Ángeles, al menos por unos días, y me había facilitado el trabajo. Se encargo de presentar cargos en la revista y, por lo tanto, ya no trabajaba más ahí. Estaba cumpliendo la función de padre: todos los días venía a buscarme al departamento y, luego de comunicarme la agenda, me llevaba de acá para allá; de sesiones de fotos a entrevistas.

Mi mamá viajó sólo por cinco días. Había hablado con ella sobre todo. Sí, todo. La había puesto al tanto sobre lo que había sido mi vida últimamente. Para mi suerte, en lugar de regañarme, me acompañó. Era justo lo que necesitaba. Por supuesto, antes de irse no desperdició tiempo rogándole a David que ante la próxima situación de gravedad, me suba a un avión y envíe de regreso a casa.

Jenny había quedado libre de algunas materias. Tampoco había rendido ningún examen final. Tendría que recursar. Le insistí sólo una vez que volviera y por cortesía: no estaba lista para quedarme sola una vez más. Me había entendido a la perfección y mandó al diablo la universidad para quedarse conmigo.

Y así habían pasado las últimas dos semanas.

— ¿Crees que Brad Pitt y Angelia Jolie se separaron de verdad esta vez? —preguntó mi amiga, ojeando una revista desde el sillón.

Cerré los ojos para regresar al mundo y dejar mis pensamientos atrás. Levanté una ceja antes de mirarla.

— ¿Qué le queda al mundo si ellos se separan?

En serio. ¿Qué sería del mundo sin Brangelina?

Jenny rió, se encogió de hombros y, cuándo pasó la página, hizo una mueca de disgusto.

—Falsa alarma. Acá dice que es todo promoción para la nueva película que estrenan juntos.

Respiré hondo. Esa relación era un sueño. O; ¿era sólo por publicidad? Cómo la mía.

Pensé, por un momento, que hasta en un matrimonio de diez años con hijos de por medio estas cosas estaban involucradas. ¿Qué podía esperar?

—Deja de hacerte la cabeza, ¿cuándo es la entrega? —interrumpió, una vez más, mis ideas.

La miré aterrorizada.

—En dos días.

Íbamos a asistir juntos, por primera vez, a una entrega de premios. Y, claro, era la primer salida a un lugar con mucha gente del medio después del escándalo de Julián y Mikel; qué Paul se había encargado de ocultar con mucho dinero, pero del cual todos en la farándula estaban enterados.

Ni siquiera tenía un vestido. Ni siquiera había hablado con Julián sobre ello.

Digamos que nuestra relación ahora era... incómoda. Él estaba furiosamente enojado conmigo y no podía comprender mi decisión. Incluso después de que prácticamente su representante y el mío nos obligaran a dejar todo atrás, menos el contrato, para él era una mala idea dejar de estar juntos.

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