Capítulo 64.

3.9K 268 27

Walking in the Wind — One Direction

Me tensé cuando escuché la puerta principal cerrarse de un golpe. Agustín me había guiado a la habitación de Julián como si yo hubiese perdido la memoria. Me acostó con suma delicadeza y, después de preguntarme unas treinta veces sí quería o necesitaba algo, me dejó sola.

La piel se me erizó cuando sentí sus pisotones bruscos en la escalera. Pocos segundos después, abrió la puerta de par en par. Me observó a lo lejos quieto, para cerrarla a sus espaldas, ahora más delicadamente.

Lo miré: tan atento y cariñoso. Tuve que morderme el labio por dentro para no largarme a llorar justo ahí. Todo era más difícil después de escucharlo discutir de esa manera. Seguramente seguía alterado.

— ¿Cuándo despertaste? —preguntó, llegando a la cama.

Se sentó en esta para tomarme las manos.

—Y-yo... hace un rato, sí.

Tragué con fuerza. No me aguanté las ganas de correrle el cabello de la cara. Estaba transpirado.

—Perdón si te desperté, no quise hacerlo —dijo y yo negué con la cabeza rápidamente. Ahora su rostro estaba relajado—. Bueno, sí quería hacerlo, dormiste por horas.

Su sonrisa apareció en su rostro y todo a mí alrededor se tranquilizó. Ladeé la cabeza para observarlo mejor, mientras él me miraba con ternura.

—Dios, casi me muero cuando te vi así —largó transformándose otra vez. Se pasó la mano por la cara, totalmente desesperado. Terminó rascándose la nuca con fuerza—. ¿Te sentís bien?

—Físicamente...no, y bueno, emocionalmente tampoco —titubeé ante su atenta mirada—. Lo que quiero decir es que no, no estoy bien —admití.

Se estiró sólo un poco hacia adelante para besar mi frente. Depositó sus labios sobre mí piel con tanta suavidad que temblé. Cerré los ojos y suspiré con fuerza cuando sentí sus brazos alrededor de mí.

No me lo hagas más difícil.

Tomó mi rostro entre sus grandes manos para obligarme a mirarlo.

—Sé que te dije que la próxima vez que lo vería lo mataría. Y ahora estoy arrepintiéndome de no haberlo hecho.

Se acercó a mis labios y me eché sólo un poco hacia atrás, para que no lo notara. Pero lo hizo, porque arqueó una ceja.

—Me alegro de que no lo hayas matado.

Acarició la parte dónde mi oreja y mi cuello se unían. Cerré los ojos ante la caricia. Suspiré cuando los abrí. Tomé sus manos para despegarme de él, mientras me corría una vez más un poco más lejos.

—Tenes los nudillos infectados —chillé cuando toqué sus manos y el calor me inundó.

Aún tenían rastros de sangre.

Julián levantó una ceja e hizo una mueca. Parecía cómo si no me habría escuchado y estaba atento a otra cosa.

—Si seguís así, vas a caerte de la cama.

Touché.

Estaba atento a cómo yo retrocedía cada vez que él avanzaba. Tragué saliva antes de comenzar a hablar. Todavía estaba un poco aturdida y no quería darle muchas vueltas. No a él.

—Yo...te escuché hablando con Paul.

Se quedó quieto. Asintió levemente con su cabeza mientras escondía su sorpresa. Él siempre se encargaba de ocultarme ese tipo de cosas para que no pasaran por mi cabeza la infinidad de cosas que estaban pasando en ese momento. Pero hoy no había podido.

—Siempre hace lo mismo, Oriana —me advirtió antes de que pueda continuar, justo porque sabía lo que tenía en mente.

Negué rápidamente con la cabeza.

—No sé si lo hace siempre o no, pero algún día va a dejar de hacerlo. Julián, no podes arriesgarte a perder todo por...por esto —terminé la oración en un hilo de voz.

Él me miro con desagrado.

— ¿Esto? —repitió y quise abofetearme por haber usado una mala expresión.

Lo hubiese hecho si el cuerpo no me dolería tanto.

—Trabajaste duro para lograr lo que tenes. Estás trabajando en un álbum. La gente te ama, la prensa también. No podes echar todo a la mierda —continué haciendo caso omiso a su descontento.

Necesitaba que entendiera que todo estaba convirtiéndose en una locura.

No iba a permitir que perdiera todo lo que había conseguido en años por nuestro contrato, nuestra relación, Mikel, yo. No.

—Sí que puedo.

Temblé debido a la seguridad de sus palabras.

—Me importa una mierda todo eso. No necesito ni fama ni dinero ni fans si no puedo tenerte.

Ouch, ¿puede esto ponerse más difícil?

Lo observé sin saber que decirle.

Era la primera vez que estábamos hablando tan sinceramente sobre nosotros. Yo, por ejemplo, jamás le había dicho, mirándolo a los ojos, lo bien me hacía. Nunca me hubiese imaginado que en una situación así iba a largarme cómo si nada que no necesitaba otra cosa...más que a mí.

—Siempre quise mantenerte al margen de todo por esto. Justo por esto.

Movió sus manos en el aire. Estaba desesperado. Iba a arrancarse el cabello si no dejaba de tironear de él. Las venas en sus manos se marcaban cada vez con más claridad.

—No puedo vivir en una burbuja con vos mientras estas cosas ocurren en tu vida —murmuré, esperando que me entendiera.

Negó rápidamente con su cabeza.

—No me interesa que sepas todas las mierdas en las que estoy metido. Hay sólo una cosa que tiene que importarte sobre mí y es la única que quiero que sepas: estoy completa y totalmente enamorado de vos.

Sí, siempre todo podía ponerse más difícil.

El corazón comenzó a latirme con fuerza. Ni en mis sueños había pensando en él diciéndome algo así. Apreté mis labios y, sin poder controlarlo, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos. Los suyos estaban rojos, probablemente de la sangre que se estaba empezando a acumular en ellos.

—Julián... —le advertí.

Quería tirarme sobre él, besarle el rostro, tomarlo entre mis manos y prometerle que todo saldría bien. Pero no podía. No tenía la certeza de que todo lo que hiciéramos iba a valer la pena. Y eso era, justamente, lo que me había preocupado desde un principio. Que todo no dependa de nosotros. Que siempre, por una razón o por la otra, íbamos a tener gente entre los dos.

—No, por favor, no me lo estás diciendo en serio...

Dejó caer el peso de su cuerpo a la cama. Sus brazos se desarmaron de golpe. Me miraba con desolación total.

No había forma de que en su cabeza entrara que esto era lo mejor. No era la mejor para mí. Ni para los dos. Era lo mejor para él. Era lo mejor para que todo continuara igual en su vida.

Sin poder aguantar un segundo, me acerqué a él y, luego de mirarlo dudosa, me acurruqué contra su pecho, pegando mis rodillas a mi cuerpo. Estiró su brazo después de unos segundos para atraerme más a él. Presionó sus dedos en mi cintura, dejé caer mi cabeza contra su hombro y me sorprendió con un beso sobre mi pelo.

—Te amo —dijo y me paralicé.

Me convencí, luego de unos minutos, que estaba escuchando voces en mi cabeza. Mi di cuenta que no, cuando levanté la vista y lo encontré aún mirándome.

Sabía que no.

No estaba imaginando nada.

Y lloré contra su pecho, porque me habían advertido que las despedidas eran agridulces, pero jamás me imaginé cuánto.

Fake¡Lee esta historia GRATIS!