Capítulo 63.

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¿Cuándo va a despertar?

«Estoy despierta»

Diablos. Quise abrir mis ojos y no pude. Mis párpados pesaban toneladas.

Pronto. Es importante que tome mucha agua e ingiera vitaminas en cuanto lo haga para desintoxicarse.

Oh, no.

Supe que Julián estaba asintiendo con fuerza incluso aunque no pudiese verlo. Murmuró algo que no pude escuchar y la otra voz enseguida le respondió:

Alprazolam, es un ansiolítico. En ese tipo de fiestas suelen jugar con anfetaminas y benzodiacepinas. Es bizarro que estas cosas pasen entre famosos y gente de poder.

Mucha información en poco tiempo.

Relajé mi mente una vez más.

¿Me escuchas?

Su voz me despertó. ¿Cuánto tiempo había pasado?

«Sí»

Grité por dentro. Su largo suspiro me dio a entender que aún continuaba sin poder mover un solo músculo de mi cuerpo. Sentía su mano tomando con fuerza la mía.

Habrías estado orgullosa de mí si me hubieses visto. Bueno, al menos un poco. No maté a Michael.

Me explicó tranquilo. Largué una carcajada en mis pensamientos.

«Se llama Mikel, Julián»

De hecho, sólo le golpeé la cara. De acuerdo, se la pateé también cuando Agustín me separó de él. Y también sus costillas. Pero aún respira.

«Bien hecho, celebridad»

Ah, y no tomé una gota de alcohol esta noche, hoy no escondí mis problemas en la bebida.

Quise abrir los párpados y lanzarme a sus brazos.

No pude.

Mis ojos se abrieron de golpe cómo si hubiese vuelto de la muerte. Miré el techo por unos segundos. Estaba en la habitación de Julián. Todo estaba oscuro y silencioso. Giré la cabeza, aún contra la almohada, para comprobar que estaba sola. Permanecí en el lugar unos segundos antes de sentarme en la cama.

Wow.

Me había pasado un camión por encima y mi cabeza no dejaba de girar.

Tenía nauseas y las ganas de vomitar subían y bajaban por mi garganta. Si esto no era la muerte, me faltaba muy poco para conocerla.

Me aturdí cuando escuché unos gritos en la plata baja. Estaba segura que no eran tan fuertes cómo yo los sentía pero mis oídos explotaban.

Bajé las piernas de la cama para ponerme de pie, ayudándome con la pared para mantener el equilibrio, ¿qué demonios me había pasado?

Abrí la puerta con cuidado. No quería hacer un solo ruido. No por los demás, sino por mí.

Camine lentamente a través del pasillo. Todo estaba oscuro y tranquilo arriba. Sin embargo, cuando llegué a la punta de la escalera, supe que abajo todo era un caos. La luz estaba prendida y veía a una persona caminar de un lado a otro de la sala. Di un paso para atrás rogando que nadie me viera. No tenía ganas de que me aturdan.

—Estoy salvando tu culo hace dos años. Le desfiguraste el rostro, ¡le rompiste la nariz, Julián! Él necesita una maldita cirugía. Y, por supuesto, vas a tener que pagarle toda la mierda.

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