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Salieron del baño y Pock se tenso al no ver las botellas. La miró de reojo, ella no lo había notado.
-Subí, Veneno. Vamos al concierto.
Ella subió y bajó las escaleras. Si alguien estaba en la casa era Scott, así que lo mejor sería irse ellos. Caminó por la calle con ella sobre su espalda, recostada en silencio y sintió un mal sabor en la boca.
-¿Elizabeth? -preguntó pero ella no respondió. La bajó y volteó a mirarla.-¿Pasa algo?-la joven lo miró con algo de confusión y luego se tomó de él. Las fuerzas le fallaron.- Hey, ¿Qué pasa?¿Qué tenes?-le tomó el rostro e hizo una mueca antes de tocar su frente.-Estás ardiendo, Elizabeth. ¿Cómo subsiste tanta fiebre en quince minutos?
-No le digas a los chicos.-pidió ella con un hilo de voz y se vio obligada a recostarse en su pecho.- No quiero que se preocupen.
-Elizabeth, estoy preocupándome yo. No podes mantenerte de pie.
-Me siento mal.
-Volvamos a la casa.
-No.-pidió ella.- Vamos al estadio. Voy a recuperarme tan rápido como me enferme.
Pock la subió a su espalda, pero mientras mas pasaba, más temperatura tomaba su cuerpo. Al entrar, una capa de sudor se apreciaba en la frente de la chica, sus ojos estaban entrecerrados y temblaba con suavidad.
-Lucís terrible. -dijo Harold al verla entrar de la mano de Pock.
-¿Gracias?-susurró ella.
-Me refiero a qué...-se detuvo cuando las piernas de ella se doblaron y Pock la atrapó.- hey. ¿Estás bien, preciosa?
Elizabeth asintió y Pock miró a William negando.
-No quería volver a la casa. Me pidió que llegáramos. Fueron solo quince minutos y la fiebre ya estaba por los cielos.
Su primo se aproximó mientras ella se recostaba en uno de los sillones y se hacía pelotita con los ojos cerrados.
-Idiota.-masculló ella.-Te pedí que no los preocuparas.
-Íbamos a notarlo.-dijo William,  apartándole un mechón de cabello del rostro.- Hay que bajar esta fiebre.
-Solo necesito descansar antes del concierto. -susurró ella.
Antes de oír la respuesta de su primo, se quedó dormida.
Cuando Andy y Toby llegaron, notaron el nerviosismo de William, y luego se percataron de que quien estaba en el sillón era ella. El joven de los ojos color miel se acercó con rapidez y le acarició el rostro.
-¿Amor? -susurró.
-Hola, mi vida. ¿Dónde te habías metido?
-Estábamos buscando comida. Tenes mucha fiebre, amor.
-Ya se me va a pasar.
Él negó y la sentó en sus piernas, acunándola entre sus brazos. Le besó el rostro y acarició sus mejillas con suavidad.
-No quiero irme a casa.-musitó Elizabeth.
-No vamos a mandarte a casa. Vas a quedarte con nosotros, amor.-unas lágrimas huyeron por las mejillas arrebatadas de la joven de piel pálida.-No llores. No vamos a dejarte. Tranquila. Ahora, después del concierto, vamos a cuidarte. Te voy a mimar hasta que te cures. Bueno, después también.
Ella rió suavemente y se juntó más a él.
-Te amo.
-Yo te amo más.

-Había botellas en el baño.-susurró ella.

-Scott estaba en la casa.-dijo Pock entre dientes y ella quiso decirle que se calle pero no pudo, se sentía completamente inútil.- No está bien. Vamos, chicos. Hay que hacer algo. Lleva mas de una hora sin mandarme al demonio, eso no es normal.

-Cuando llegue Scott, vas a llevarla a la casa.-dijo William.- Quiero que le des un baño y la cuides hasta que lleguemos.

-Me voy.-dijo Pock de golpe, tomándola.

Scott pasó junto a él y se quedó mirando a Elizabeth. La chica lucía muy enferma. Alargó su mano y solo logró una mirada de amenaza por parte del chico del pelo teñido de negro.

-Como la toques, te mato.-dijo borde.



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