Capítulo 8

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Harry se quedó en blanco mientras evaluaba cuánto de la conversación había oído y cómo de incriminatoria era la información que podía tener. Decidió arriesgarse.

"Con..." balbuceó durante medio segundo "Con la compañía de vuelos" dijo al final, atropelladamente. A pesar de todo, Lena se las arregló para alzar una ceja con calma.

"¿Te han llamado a estas horas?"

Asintió.

"Mi vuelo se va a adelantar. Me avisaron en cuanto reajustaron los horarios..."

"Oh" Lena frunció el ceño. "Dios, pensé... pensé que había pasado algo" se dio la vuelta para irse, pero pareció cambiar de opinión "Todavía puedo llevarte al aeropuerto, si quieres"

Suspiró.

"No" dijo en voz baja "Llamaré a un taxi. Es horriblemente temprano"

"Como quieras. Me voy a la cama, ¿vale? Mañana tendré un día... largo. Por no decir un día de mierda"

Sonrió con tristeza.

"Vale. Siento haberte despertado"

La siguió hasta la cama con pasos lentos, pero Lena parecía despejada cuando se tumbó.

"Anoche soñaste algo raro" le oyó decir en voz baja. Giró la cabeza.

"¿Hm?" murmuró, somnoliento. Ella se encogió de hombros.

"Hablabas mucho. Llevabas años sin hablar en sueños"

Asintió, ausente.

"¿Qué decía?"

"No sé. No entendía casi nada. Llamaste a Louis"

Se quedó helado.

"¿A...Louis?" tartamudeó, y ella asintió.

"Varias veces. Iba a despertarte, pero..."

Harry tragó saliva. Asintió vagamente, dispuesto a darse la vuelta y dar por acabada la conversación, pero ella no se movió del sitio.

"¿Has hablado con él?"

Frunció el ceño.

"¿Con Louis? No, ¿por qué?"

Lena sacudió la cabeza.

"No sé. No me... no me gustó" admitió "Me da mala espina"

Harry no movió ni un músculo.

Si tú supieras, pensó, irónico. Para su alivio, Lena no insistió; se dio la vuelta y apagó la luz al fin.

Pero Harry tardó en dormir. Era difícil calmar la tormenta de culpabilidad, nerviosismo y miedo que bullía en su interior. Estaba incómodo en la cama; era demasiado dura, demasiado blanda, le dolía la espalda, le hormigueaba un brazo, Lena estaba demasiado lejos, demasiado cerca. Acabó rodeándola con un brazo y ocultando la nariz en su pelo, en un intento por estabilizarse un poco, pero no funcionó. Harry renunció a dormir las horas necesarias antes de su vuelo, pero también a levantarse y no dejar descansar tampoco a su cuerpo, así que se quedó quieto, con los ojos cerrados con fuerza y cientos de pensamientos alborotando agresivamente en su cabeza.







Harry odiaba viajar. Le dolían los oídos en los aviones, le dolían los huesos de estar sentado, y dormir en una habitación extraña siempre traía consigo un extraño desasosiego. Llevaba años viviendo y trabajando en los mismos ambientes, y- aunque no le gustaba admitirlo- ya era un animal de costumbres.

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