22. El primer lugar de mi top 10 de lugares que jamás debí haber visitado.

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Después de muchas protestas de la chica, logré ponerme el manto para que se calle y fue ahí que me salvé, pues pasaron un montón de chicos detrás de una chica de unos quince años que estaba muy asustada y gritaba buscando a su hermano mayor en inglés. Los tipos la acorralaron y fue ahí que me di cuenta de que no eran más que monstruos. Podría evitar que algo malo le pasé a aquella chica. Tan solo... si sacaba mi feroz lapicero.

No sé qué habrán visto los mortales, pero los monstruos a los que me enfrentaba eran extraños, nunca antes los había visto. No podría describirlos porque a cada rato cambiaban de tamaño, eso si... parecía que tenían manchas negras, como si no se hubieran regenerado bien en el Tártaro.

—Oigan... ustedes... mal-paridos. ¿Acaso tienes el valor de enfrentarte contra mí?

Uno de ellos giró la cabeza y babeó algo en un idioma extraño. Sujeté mi espada y le partí la cabeza a uno. Al parecer estaban tan fuera de forma como yo. (O más.) Vinieron más y más, llegó el momento en que todos los mortales se dieron cuenta de lo que estaba pasando. La mayoría me miraba extrañada, pero las mujeres parecían ver en mi a una clase de heroína. Una chica mayor que yo, sujetó un jarrón y se lo tiró a la cabeza de uno, pero el monstruo no murió. Al menos lo había atontado.

Mientras los segundos pasaban, parecía como si todas las mujeres entre miradas se hubieran puesto de acuerdo y empezaron a tirarles jarrones, verduras, ladrillos y ¿eso era un manto? en las cabezas de los que venían y esperaban a que los mate.

Pronto todos los monstruos desaparecieron en cenizas y la gente me aplaudió.

—No lo entiendo, ¿por qué tanto alboroto? —pregunté.

—Es que nadie, jamás, se ha atrevido a hacerle algo así a los maleantes —dijo Dizar, la chica que me ofrecía el manto. O bueno, uno de sus hermanos lo tradujo, pues ella no sabía muy bien el inglés.

— ¿Por qué? Ustedes son muchas comparadas con ellos.

— Porque nos daban miedo.

—Este día todas lo recordaremos como el día de...

—Hummm, ¿El día de Aqua McCartney?

—Exacto, podríamos hacer algo así.

— ¡Aqua! —gritó alguien por lo lejos. Me volteé y vi a un cráter Kane muy asustado. — ¿Qué te dije sobre no salir del yate a menos que te lo diga?

—Nada, estaba aburrida.

—Oye, pudo haberte pasado algo.

—Sí, pero no pasó.

—Aqua, ¿sabes lo preocupado que he estado por ti?

—No, y la verdad es que lo lamento. ¿Vámonos? Quiero ver que harán estos tipos de la Casa esa...

Nos alejamos de Dizar y su hermano.

— ¿Es en serio? —pregunté al ver las mismas rutas por las que estábamos regresando al yate.

— No puedo llevarte a esta hora. Es muy tarde. Haz tenido suerte que los maleantes con los que te encontraste hayan sido monstruos, pero hay otros que o dudarían en matarte y esos sí que son mortales, yo mismo tuve que proteger una vez a Sadie cuando los vi.

—Agg, ok, regresemos a encerrarme de nuevo en el yate.

Pesadillas. ¿Acaso no puedo dejar de tenerlas? Ah, sí, verdad, soy mitad diosa.

Hera estaba sentada en su divino trono mirándome como si me hubiera comido la última enchilada del comedor del instituto, o peor. Me incline un poco temerosa de la esposa no tan buena onda del tío Rayito eléctrico.

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