Inefables

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Te espero con los brazos abiertos, y las heridas también.

Siempre doy la oportunidad de que me curen la herida o me la infecten, para saber quienes valen y quienes son bala.

Hay que ser muy cobarde para matar con pistola, si me quieres hacer daño, acércate, susúrrame todas las verdades que callas
y acuchíllame. Rásgame este abrigo que llevo por piel ahora que no tengo tu calor, a ver si así, por lo menos siento, frío.

Incrústame el filo del cuchillo en el esternón y hazme gritar que no me estoy enamorando. Que controlo la situación, como las otras cien veces que acabé en el suelo.

Diferenciar quien vale la pena y quien la da me ha llevado muchas decepciones y demasiadas paradas de metro que no me llevaron a ninguna parte.

No encontré puerto en el que varar este barco ni astillero en el que arreglarlo, de qué me sirve decir que sobreviví al naufragio si me he quedado hecho pedazos.

El cañón listo para bombardear los muros de mi miedo a quererte justo cuando se moja la pólvora.
Supongo que era la lluvia que tanto tiempo he esperado, que llega justo cuando no quiero estar mojado.

Para que intentar definir lo que somos, si lo que somos es una tarde en el Retiro tumbados en el césped, una puesta de sol en Debod y una cena cutre y barata en medio de la Gran vía. Somos inefables y un suspiro en medio de un huracán, somos amigos con derecho a algo más,

somos y de momento, con eso me basta.

Cicatrizando versos¡Lee esta historia GRATIS!