13. Lo que me faltaba, la chica con nombre de dibujar en pasado en inglés.

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¿En serio cree que eso es una buena noticia? Normalmente los doctores dicen que es buena noticia porque estás embarazada, pero los exámenes decían lo contrario. Casi me abalancé contra el doctor para abrazarle.

-Gracias -dije poniendo los papeles en su escritorio. Agarré mi mochilita y me la colgué. Cuando vi el primer bote de basura tiré los resultados, esperando que nadie me haya visto. Sentía los ojos de alguien posados en mí, pero cuando volteaba no veía a nadie. Busqué mi lapicero (mi super-ultra-mega-arma mortal) y presioné mi mano en él.

Al regresar a la Casa de Brooklyn (a escondidas, por supuesto) me sentía debilitada, como si hubiera algo que chupara mi aura. No le di importancia así que me tumbé en la cama y me dormí.

Cuatro días después... (o sea cuando ya estaba curada...)

- ¿Entonces...? -preguntó Sadie.

- ¿Qué?

- ¿Vas a inscribirte o no?

- ¿A qué?

- A la escuela, te lo acabo de decir.

-Es que estaba media dormida.

-Ok, ¿entonces?

-Ya.

Ella me dijo que mañana la acompañaría (ella dijo que habían estado de vacaciones en febrero por un festival de no sé qué).

El día siguiente me despertaron con una almohada en la cabeza.

- ¡SADIE KANE, AHORA VAS A VER! -grité a todo pulmón, mientras me levantaba y la perseguía con una lámpara (¿qué? fue lo primero que encontré). Ella se mataba de risa como pendeja y se encerró en su cuarto. Lo que me dejó con algo de dignidad y una lámpara hirviendo (me gusta dormir con la luz prendida, pienso que ahorita van a venir los monstruos...)

Con cabeza alta, mientras media Casa me miraba extrañada, me fui a mi cuarto, flipé mi cabello al estilo "soy la mejor, pero no lo quieres admitir" y me bañé. Hoy era eso de la escuela mortal a la que todo el mundo iba. Jamás pensé que entraría a una en donde no haya semidioses.

- ¿Estás lista para el abecedario? -preguntó Carter, que dijo que por ese año iría conmigo a la escuela. (El muy hijo de Hera nunca había pisado terreno estudiantil...)

-Que tenga dislexia  y sea rubia no significa que soy boba -le dije por el comentario del abecedario.

-No, no me refiero a eso, sino que las iniciales de la Academia Brooklyn para Chicos Dotados son ABCD.

-Ajá, sí, claro.

Cuando llegamos a la secundaria, sonó el timbre y si no fuera por mi entrenamiento en carreras a pie del campamento hubiera llegado tarde a mi primera clase. Matemática. La profesora de esta clase tenía un tipo de problema nasal, lo que hacía que su voz me diera risa. Ella nos hizo pasar a Carter y a mí todo ese rollo de la presentación y luego un profesor la llamó al pasillo, así que me dijo que empiece yo, mientras arreglaba unos asuntos.

-Bueno, pues... mi nombre es Aqua McCartney y...

Escuché que alguien pegó un gritó en la última fila. Era una rubia que se estaba limando las uñas perfectamente pintadas de rosadito bien pinky. Ella tenía ojos azules y piel blanca. Su perfecto cabello, maquillaje, etc, me hacían sentir mal. Ese rostro se me hizo conocido. Ella era... oh, no, mi mayor temor. La chica que se llamaba dibujar en pasado en inglés Tanaka, hija de Afrodita, en otras palabras, la chica que dijo que era fea. La chica con el poder del embruja hablar (o charmspeak). Sus ojos saltones (créanme que no miento que parecían los de los ojitos saltones que se pegan en muñecos de trapo) me estudiaron, no, más bien me escudriñaron. Soltó un bufido y se hizo la loca.

Griegos y... ¿egipcios?¡Lee esta historia GRATIS!