12. Enferma... ¿yo, enserio?

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-¡Juliet! -gritó Cárter cuando llegamos a la Casa de Brooklyn. Una mujer vestida de blanco llegó alarmada. Cuando me vio en brazos de Carter, lo ayudó en acomodarme en el sofá, mientras ella iba a por sus cosas.

-¡No te vayas, Carter!

-No me iba a ir.

Esto de las enfermedades siempre me aterraba. Sobre todo si venían acompañados de vómito. La última vez que eso me había pasado había sido hacía cinco años atrás o quizás más. Casi nunca me enfermaba y por esa razón, siempre me ponía muy dramática.

Juliet regresó con una varita y otras cosas que supuse eran de sanadoras. Después de un tiempo dijo su veredicto final.

-Sí, al parecer es una infección estomacal. ¿Recuerdas qué fue lo último que comiste?

-Palomitas de maíz y soda -respondió Carter por mí. Juliet suspiró pensativa.

-Quizás usaron un aceite contaminado.

-Yo comí lo mismo y nada me ocurrió.

-Los cuerpos responden diferente a ciertos males. No porque a ella le cayó mal significa que a ti también tengo que ocurrirte a ti.

-Bueno, pero ¿qué debemos hacer? -preguntó él.

-Ayúdame a llevarla a la enfermería. Va a necesitar suero. Está deshidratada.

Después que me clavaron la aguja, sentía que mi cuerpo se tensaba y se adormecía. Me dio sueño también. Carter posó su mano encima de la mía y con esa última imagen mis ojos se cerraron.

Al día siguiente, el Cráter andante tocó varias veces la puerta por si necesitaba algo, pero yo andaba con un humor de perros así que le gritaba que se largara. Lo peor era que me empezaba a doler la cabeza.

La sanadora que me atendió me trajo sopa de dieta de pollo con té de manzanilla, más o menos a las tres de la tarde. Me dolía más el estómago cuando tomaba la horrible sopa. Así que traté de salir a despejarme a fuera para ver el río.

Y luego todo se nubló. (¿Ven, niños? No es bueno no salir acompañada cuando tienes una enfermedad.)

Unas manos me cargaron (o trataron de cargarme) hasta la mansión.

- ¿Qué pasó? -pregunté, tratando de permanecer despierta.

- ¿No tomaste la sopa, no? -preguntó Juliet.

-No -respondí.

Cuando regresé a mi cuarto traté de tomar la sopa. Nada, me sabía horrenda. Y dio su aparición, al fin, Carter.

- ¿Por qué no comiste? -preguntó angustiado.

- Porque esa fue la peor sopa de toda la existencia de las sopas y...

Él había llenado una cuchara de sopa y me la metió en la boca. Casi se la escupí en la cara. Después de haber tragado la maldita sopa, él me limpió con una servilleta de papel. Continuó haciendo eso hasta que no quedó nada en el plato.

En los días siguientes la enfermedad continuaba y no me dejaba pensar con claridad. Por un segundo casi olvidé todo. Extrañamente mis sueños también habían sido alterados. Ahora ya no tenía tantas pesadillas como antes. Hera no conversaba conmigo ni se metía entre mis pensamientos. Quizás creía que era inútil darme tareas que hacer cuando yo estaba enferma.

Bajé las escaleras hacia la cocina porque me provocaba mucho una limonada. En eso escuché una conversación y muy fiel a mi misma, empecé a escucharla cuando escuché mi nombre ser mencionado. Era la chica de la senda de Tauret otra vez conversando con una chica de pelo púrpura.

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