Capítulo 20: Un domingo rodeados de flores

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Salgo rápidamente de mi casa y emprendo carrera a la escuela. Corro lo más rápido que puedo pero al parecer a todo el mundo se le dio por ser lento el día de hoy.

En un momento me tropiezo con alguien y caemos al suelo. Me levanto soltando un quejido de dolor.

—Hey, niña. ¿A dónde crees que vas? ¡Ayúdame! —gritó alguien detrás mío.

Volteé a ver quien era y me encontré con un señor de, más o menos sesenta años.

—¡¿Por qué estas ahí parada como idiota?! ¡Ayúdame a recoger mis cosas! —ordenó. Asentí repetidas veces, me agache y me dispuse a recoger sus cosas.

—Eh, de verdad, discúlpeme. No fue mi intención lastimarlo —dije haciendo una reverencia.

—Hum, la próxima vez debes mirar por donde caminas. ¿Entendiste, jovencita? —Asentí repetidas veces.

—Lo siento. Si me disculpa, voy tarde a clase. Hasta luego —me despedí y salí corriendo.

Llegué al colegio y entre en el. Rápidamente me cambié de zapatos y subí las escaleras hasta el tercer piso. Corrí el pasillo hasta llegar a la entrada del salón, deslice con cuidado la puerta y asome la cabeza.

El profesor estaba escribiendo algo en el tablero mientras dictaba algo.

«Okey, esta distraído. Esta es mi oportunidad.»

Con sigilo, gatee hasta mi puesto que, para mi mala suerte estaba al otro lado del salón.

«¡Si! ¡Ya estoy por llegar!»

Justo cuando iba a estirar mi mano alguien me detuvo.

—Señorita Furukawa. Al pasillo, por favor. —ordenó el profesor de historia mirándome reprobatoriamente.

«¡MIERDA!»

—Eh... eh... —balbuceé— Si, señor.

Salí por donde vine y me recosté en la pared. He fallado, me han atrapado.

—Tengo hambre... —murmuré— ¡Ya sé! Voy a aprovechar e iré a la cafetería a comprar algo —dije. Busqué entre mi maleta pero...

No aparecía nada.

—¿Eh? ¿Mi monedero? —pregunte. Tiré todo lo que tenía en mi mochila al suelo y no encontré nada. Revise los bolsillo del chaleco de mi uniforme y no aparecía nada... ¡NADA!

Me arrodillé y puse mis manos en el suelo para sostenerme.

— No... ¡NO HAY NADA! ¡MI DINERO! —grité alterada— Lo que me faltaba...

—Ujum —tosió el profesor para llamar mi atención— Señorita Furukawa, acompáñeme a la sala de profesores por favor.

—S-Si, señor.




(...)


—Y, ¿Cómo te fue con el profesor Ozuki? —preguntó Kima.

Caminé hasta mi asiento y me desplome en el.

—Me regaño. Otra vez —musité agotada.

—Pero lo hace con razón. Siempre llegas tarde a su clase y si no llegas tarde te duermes. Y eso que no llevamos ni un mes de haber iniciado el año —replicó él.

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