Capítulo 18: Adiós, Okinawa

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—¡¿QUÉ?!

—Como oyes, hemos perdido el vuelo de regreso a Tokio —repitió Kima mirando hacia la ventana—Pero, por lo pronto, ¡Levántate! Tenemos que regresar a Naha para ver si hay otros vuelos a Tokio. —me levanto del brazo, caminamos pero nos detuvimos antes de bajar del autobús.

—Kima, ¡Pero si hay un chubasco allá afuera! ¿Cómo vamos a hacer? —le pregunte.

—¡Pues ir con esto, ni modo! —contesto, me jalo de la mano y salimos del autobús e inmediatamente quedamos empapados.

Caminamos sin rumbo, realmente no se podía ver casi nada, el viento era muy fuerte y la lluvia no ayudaba para nada.

—¡Mira, Nike! !Vayamos allá! Podríamos quedarnos allá por lo pronto —grito Kima señalando hacia el frente.

—De acuerdo, vamos.

Corrimos y entramos al lugar. Una señora nos saludo haciendo una reverencia y nos sonrió.

—Buenas tardes. ¿Les puedo ayudar en algo? —pregunto mientras nos ofrecía asiento.

—Buenas tardes. Si, buscamos posada por una noche. Venimos desde Tokio y nos hemos perdido. —explicó Kima mirando a la señora.

—Oh, que terrible. Pero claro que pueden quedarse aquí. Siganme, por favor —dijo la señora. Nos levantamos y la seguimos.

Caminamos por un pasillo algo largo, cuando llegamos al final de este, la señora corrió la puerta y nos dejo a la vista un cuarto vacío. Ella entró con nosotros y de un armario sacó un futon y dos toallas, nos entrego a cada uno una toalla y nos dejo el futon en el suelo.

—Por favor, a la izquierda están los baños y más tarde los llamaré cuando la cena esté lista. —exclamó aquella mujer mirándonos a ambos— Con su permiso —se despidió haciendo una reverencia y se fue.

—¡Dios, que desastre! —exclamó Kima sentándose en el suelo, luego soltó un sonoro suspiro—Bueno, mientras tanto, ve a bañarte. Yo iré en un rato.

Asentí moviendo la cabeza. Saque de mi maleta mi champú y una pinza para el cabello y me fui hasta los baños.

Cuando llegué me quite toda la ropa que tenía puesta y la dejé en un estante, luego enjabone mi cuerpo y lo enjuague para después meterme en la tina caliente.

—Calentito... —susurré relajada. Era la única en los baños y eso me agradaba. Al rato salí, me seque y me puse la yukata que siempre ofrecen en este tipo de hoteles.

Camine hasta el cuarto mientras me secaba el cabello con una toalla, cuando llegué Kima estaba haciendo lo mismo que yo y también llevaba una yukata, solo que más grande que la mía.

—Oh, veo que ya te bañaste —dije y entré en la habitación.

—Sí, hace poco salí —se levantó del suelo y caminó hasta donde tenía el equipaje.

—Ah... ya —murmuré.

En el cuarto se formó un silencio incómodo.

¡Mierda! Aún me siento rara, todo lo que ha pasado estos últimos meses con él...

Enterarme que estamos comprometidos, cuando me salvó de sus primos, el día de nuestra cita, el festival cultural, en navidad, año nuevo y ahora lo de ayer...

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