Después de la boda y la luna de miel, el día en que volvieron a Londres empezó el verdadero "trabajo duro", la mudanza.

Desde muy temprano los vecinos se dieron cuenta de que la casa estaba comenzando a ocuparse, no era muy difícil de esconder en realidad, varios hombres habían estado bajando muebles y cajas desde los dos carros de mudanza desde que salió el sol, con tanto ruido era imposible que no despertaran a toda la calle, pero se limitaban a mirar desde sus ventanas o pórticos, o a fingir visitar a algún otro vecino para enterarse de quién se estaba mudando, o criticar las últimas cosas que bajaban.

Finalmente cuando dejaron de entrar pertenencias en la casa y los vehículos se fueron, parecía el momento adecuado. La señora Sanders horneó galletas, y la adorable ancianita de la casa de a lado preparó su postre estrella de limón y manzanas. El matrimonio de los Baker llevó un flan mientras Allison Haner preparaba un pastel y Chris Sedward metía en una canasta de mimbre algunas piezas de pan que había comprado en el supermercado la tarde anterior.

Un rato después todos ellos salieron de sus casas rumbo a la que recién había sido ocupada con el propósito de llevar los alimentos en forma de gesto de bienvenida y conocer a los nuevos dueños. Tocaron al timbre una, dos, tres veces y no obtuvieron respuesta, así que se tomaron la libertad de entrar todos juntos. La mayoría de los muebles ya estaban acomodados, pero la sala principal se encontraba llena de cajas sin desocupar.

—¿Hola? —dijo Deb Sanders abriéndose paso lentamente por las primeras cajas.

Se escuchó un golpe detrás de cuatro cajas grandes cerca de la pared y una de ellas cayó al suelo, abriéndose y dejando por la alfombra varias figuras de colección de Marvel.

Poco después el brazo de Harry ocupó el lugar de donde la había tirado, trepando desde el suelo para encontrarse con el grupo de personas que habían irrumpido en su casa.

Hola —sonrió abotonándose la camisa, con la respiración agitada y el rostro completamente rojo, perlado en sudor.

La mujer los presentó a todos tratando de mantenerse cordial e ignorar la evidente escena, esforzándose al máximo por fingir que no estaba pasando nada mientras Harry terminaba de acomodarse la ropa desde detrás del resto de las cajas, antes de salir de ahí y acercarse a saludar sin atreverse a darles la mano.

Un minuto después Louis salió también del mismo lugar, con la playera al revés y acomodándose el cabello, aunque sin poder evitar su molestia con todos ellos por haber interrumpido.

Nos acabamos de casar —dijo Harry como explicación no requerida cuando sus vecinos se despidieron llevándose quizá no la mejor impresión.

De cualquier forma en las reuniones vecinales no volvieron a tocar el tema, no mientras los seguían viendo tan enamorados como cuando llegaron, y por supuesto no cuando ya todo el mundo se daba cuenta de lo mal que estaba yendo ese matrimonio muchos meses después.

Daba igual porque esa vez ni siquiera había ido toda la calle a recibirlos, la mayoría de las personas no fueron lo suficientemente amables como para hacerlo, o estaban muy ocupados. Por ejemplo, el sujeto que vivía en la casa de enfrente no les dirigiría la palabra sino hasta más de un año después.

Quién iba a pensar que con él forjarían una mejor relación que con la mayor parte de personas que se habían topado en toda la vida.

~*~

La luz del televisor era la única iluminación que había la gran habitación. La película no había sido mala: buen guion, buenos actores y excelente trama. Sin embargo, todo se había estropeado cuando sin querer Harry había salpicado un poco de helado en su barbilla. La mancha había pasado desapercibida para él, sin embargo no para su acompañante.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!