Mi primer amor

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Sé que nuestros caminos se separaron hace mucho tiempo. 

Tal vez es un poco tarde para decir esto. Realmente ni siquiera conozco el verdadero motivo por el cuál lo hago, pero las palabras que llevo guardadas vibran en mi interior, anhelantes de conocerte. Por ello he decidido escribir, escribir hasta quedar seca, hasta que ningún sentimiento desborde de mi cuerpo en un largo lapso. No tengo la certeza de que lo leerás, pero es necesario que salga de mí, antes de que la presión haga estallar a mi corazón.

Primero que nada, quiero agradecerte por absolutamente todo. Desde la primera pequeña emoción que me hiciste sentir cuando te conocí, hasta la enorme nostalgia que siento en este momento al contarte la verdad. Gracias por cada una de las sonrisas que plasmaste en mi rostro; por las lágrimas, hayan sido de felicidad o tristeza; por cada noche invertida planeando nuestro futuro juntos; gracias por... simplemente haber entrado en mi vida.

Si no te hubiera conocido, jamás habría experimentado la verdadera sensación de felicidad, aunque tampoco hubiese sentido en carne propia aquello que llaman un corazón roto. Imaginé que sería una clase de dolor punzante en mi pecho, pero no. No lo fue así en lo absoluto. Quizá haya sentido una leve opresión entre mis costillas con tu recuerdo, pero la verdadera tortura fue la incertidumbre de pensar si aún me querías tanto como yo te quería a ti. Pasar cada jodida noche con lágrimas sobre la piel de mi rostro preguntándome qué fue en lo que nos equivocamos. Tal vez, sólo tal vez, el error fue que nos amamos en desmedida. Tú eras las estrellas de mis noches, el arcoiris en mis días lluviosos, y... la oscuridad que llega después de un hermoso atardecer. Durante mucho tiempo lo fuiste todo, pero hoy sólo eres eso un fuiste.

A esta altura te estarás preguntando si aún te amo, y la respuesta a ello es un , pero también un no. No lo comprendes, ¿cierto? Bien, te lo explicaré:

Empecemos con el porqué aún te amo: es algo tan sencillo como una operación. Le restaste tristeza a mi vida, le sumaste hermosos momentos, el resultado: una relación perfecta pero imperfecta. ¿Esto tampoco lo entiendes? Perfección por un sentimiento que es la base de la operación anterior, no importa cuánto intentes modificarla, entre menos tristeza haya y existan hermosos momentos, siempre habrá perfección. Sin embargo, ahí radica la respuesta al porqué no te amo: hay un susurro que esconde una respuesta, una respuesta que todos escuchan, que escuchan aquellos que no oyen, y que nadie sabe a que pregunta pertenece. ¿Quieres entenderme? La imperfección, escondida entre la misma operación, sólo es cuestión de cambiar algunos factores: Réstale hermosos momentos y súmale tristeza a la vida, la respuesta será un corazón roto. ¿Ahora lo comprendes?

Fuiste, eres y serás alguien importante en mi vida. Lo fuiste porque en ti encontré a mi primer amor y que, a pesar de que no estemos juntos, nunca dejarás de serlo. Aún eres especial porque no he conseguido sacarte de mi cabeza, ni siquiera después de todas aquellas semanas de tristeza. Y lo serás en un futuro no muy lejano porque no cometeré los mismos errores con el chico que llegue a intentar hacer la operación que ya te expliqué. No importa cuánto tiempo pase, ni cuánto lo desee, tú siempre formarás parte de mi vida.

Ahora bien, quisiera no hablar sobre esto, pero también tengo que hacerlo, pues dije que no dejaría ningún sentimiento ni pensamiento dentro de mí. No fue un error que hayamos sido la primera persona entre nuestras sábanas. ¿Por qué? Porque al menos sé que cuando estuvimos juntos fue por amor y no por una estúpida noche de copas. Recuerdo que no era sólo un acto carnal, sino un intercambio de amor y complicidad. Nunca fue sexo ni necesidad física, siempre fue amor. Y te agradezco por haber sido tú, el chico que amaba, el que me hizo conocer otras galaxias sin dejar una habitación.

¿Ves cómo no puedo dejar de agradecerte? Cualquier chica diría que estoy loca por darle las gracias a mi exnovio, pero quizá ellas no comprendan que entre nosotros no hubo un final desastroso a pesar de que ya no nos hablemos ni queramos volver a intentar nada. Por supuesto que fue una triste despedida entre dos amantes que juraron siempre amarse, pero entendí que no puede forzarse al cosmos para que una a dos almas que están destinadas a no ser. Por ello es que aún puedo ver las cualidades de las que un día me enamoré, porque eres un chico grandioso que está destinado para alguien más y se me permitió compartir contigo el tiempo que se nos otorgó para fracasar.

No pretendo que con estas palabras creas que te estoy pidiendo alguna clase de segunda oportunidad, porque, como ya mencioné arriba, tú y yo no estamos hechos el uno para el otro. Y aunque me duela admitirlo, aunque quiera arrancarme las entrañas por el dolor, aunque algunas noches aún llore por lo que sucedió, nosotros nunca tendremos el final feliz que tantos días juramos cumplir.

Todo lo que ahora sé es que fui feliz, en toda la extensión de la palabra. Reí hasta que el estómago me dolió, soñé inclusive con la imposibilidad de la vida eterna a tu lado, me ilusioné con todos los planes que teníamos para el futuro... Me enamoré como sólo se puede hacer una vez en la vida: por primera vez. Así que lo nuestro no fue una pérdida de tiempo, fue una etapa en nuestras vidas que nos enseñó lecciones que nunca olvidaremos, ambos crecimos como personas, y conocimos el verdadero significado de amar a alguien como si fuese tu alma gemela.

Aunque el orgullo nos haya separado, hoy lo dejé de lado para plasmar mi corazón con tinta y papel. Me gustaría también omitir esta parte, pues es la más dolorosa: la separación; pero como ya dije, nada se quedará en mi pecho.

Una despedida duele más cuando ninguno de los dos quiere que ocurra, pero que es necesario. Y ese fue nuestro caso, porque nos amábamos como nadie nunca escribió en libros o expresó con arte. Nuestro amor era la verdadera demostración de un sentimiento puro y honesto. Pero fue también eso lo que terminó por destruirnos. Nos cegamos como dos tontos en una prueba de confianza sin alguien detrás que nos detenga. Permitimos que la intensidad de nuestro amor se desbordara entre los dedos, nosotros... ¡Maldición! No detuvimos las señales de ruptura, las señales de que todo se estaba yendo al infierno.

Caímos en la rutina. Nuestro amor fue tan intenso, apasionado y perfecto, que terminó por aburrirnos. Ya no encontrábamos el cielo en la mirada del otro ni el brillo del sol en nuestras sonrisas, por eso permitimos que otros astros entrasen en nuestro pequeño universo. Nos olvidamos de cómo amar por estar tan acostumbrados al amor. Nos apagamos. Todo quedó en completa oscuridad.

Sin embargo, saber que el tiempo que compartimos fue una sincera demostración de amor, me deja tranquila, pues ambos entregamos todo por el otro. Y sé que un amor como el nuestro no se repite dos veces en la vida, y es ahí donde el juego es divertido: buscaremos otras personas que llenen el vacío que nos dejamos, porque ambos llevamos tatuados el recuerdo del otro en un lugar que no se puede tocar ni alterar. Siempre tendremos una parte de nosotros juntos.

Por último, sólo quiero pedirte una cosa: no olvides decir adiós. Dile adiós al amor que un día nos hizo felices, a ese sentimiento que un día nos hizo tocar las estrellas, hacernos expertos en aritmética y probar el mundo en un sólo beso.

Te amé, yo.





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