Día 16

32 6 2

Las páginas de Lady Preejet Lonet

Día 16

Todavía la luna no le había cedido paso al sol cuando desperté. Observé más allá del ventanal y deduje que tal vez no hubieran pasado más de cuatro horas luego de la medianoche. El silbido de la ventisca cortaba cada tanto con el abrumante silencio del castillo, y junto a la negrura, me sentí un condenado a muerte viviendo segundo a segundo todo el tiempo que antecediera a su final. Logré dormir tan solo unos minutos después de haber cerrado mi diario, luego, las imágenes se volvieron impávidas y el sueño se transformó en proeza imposible.
Resignada ante la imposibilidad de dormir y siendo ya testigo del alba, decidí tomar mi diario y organizar mis ideas.

«¿Qué podría hacer además de escribir? ¿Sería la muerte una posibilidad real? ¿Por qué una mujer debía estar destinada a un amor prohibido y a la infelicidad eterna por los caprichos de un hombre?»

La presión en el pecho que sentía cada vez que el nombre de "Jaime" aparecía rondando mis pensamientos resultaba tediosa. Y me lastimaba más la incertidumbre acerca de lo que estaría pensando de mí luego de que no me hiciera presente en el lugar y a la hora pactada para volvernos a encontrar.

«¿Llegaría a odiarme si creía que yo no respondí a su cariño? ¿Por el enojo se despecharía con alguna prostituta de taberna?»

Tan solo imaginarlo con otra mujer que le estuviera dando aquello que yo le reservaba con tanto recelo y que deseaba para él me hacía estremecer de ira, a la vez que me reproché una y otra vez no haberlo hecho, porque yo también lo deseé en aquel momento, pero la reminiscencia de los lobos inhibió mi pasión. De no volver a verlo, todo aquello quedaría para siempre en mis recuerdos. La convicción de que estaría odiándome crecía dentro mío.

«¿Cuánto habría estado esperando?»

«¡Es suficiente Preejet!» —me reprendí a mí misma. Tenía que ir a buscarlo, sin importar lo que por ello me sucediera. Ya estaba muerta por dentro y lo único que deseaba hacer era mirarlo a los ojos una vez más, tomarlo de las manos y decirle cuánto sentía por él. Necesitaba contarle todo lo que había sucedido, no solo para que no me odiara, sino para poder desplomarme sobre él. ¿Pero cómo hacerlo sin que se implicara? Mientras miraba la flama de la vela danzar surgió en mí una idea tan loca como tentadora. Mi padre no se levantaba hasta unas horas después y yo tenía tiempo suficiente para poder irme del castillo y refugiarme en el cobertizo y aguardar la llegada de Jaime para trabajar nuestro jardín. Eso sucedería al menos una hora antes de que mi padre saliera de sus aposentos. No me importaba estar mal vestida, incluso andar sin zapatos; en esta situación, la impresión que causara la vestimenta no me interesaba en absoluto. Tenía que irme de allí en silencio y lo más rápido posible, por lo que cambiarme no solo sería una pérdida de tiempo, sino que poner en riesgo un plan sigiloso por la estética era más que una sonsera. No me importan las consecuencias. Si muero después de esto, solo será la muerte física, puesto que mi alma, parcialmente marchita, podrá volver a florecer, a pesar de una muerte segura, cuando los ojos de Jaime se conecten con los míos y pueda ser testigo, otra vez, de su sonrisa. Sé que nuestro amor es imposible, aunque reniegue de ello. No quiero arrastrarlo a la miseria que llevo conmigo... Solo anhelo que él sepa cuánto lo amo.
Logré salir de la habitación sin levantar sospechas, porque como pensaba, todos dormían profundamente. No me detuve a observar a nadie, pero el silencio del castillo parecía imperturbable y me empujó a continuar con mi búsqueda. Me escabullí sin hacer el menor ruido, y al parecer, la suerte estaba conmigo. Las llaves de la puerta que daba a la campiña desde la cocina estaban colgadas esperando y alentándome para que hiciera lo que estaba a punto de hacer.
Sabiendo que probablemente Jaime aun no habría llegado al cobertizo me senté en uno de los bancos cercanos a la puerta y decidí transitar con mi pluma lo que podrían ser mis últimas páginas. Lamentaría terriblemente no haberlo hecho si este fuera el final.

Pensé que Jaime debía estar pronto a llegar al cobertizo para buscar las herramientas de trabajo. La ansiedad crecía, y no solo por la posibilidad de volver a verlo, sino por el simple y enorme acontecimiento de estar siendo fiel a mis deseos, de actuar con valentía frente a las injustas prohibiciones que recaían sobre mí. Temblé, pero esta vez no sentía miedo; era algo totalmente diferente.
Me imaginé entre sus brazos sintiéndome eternamente protegida; lo vi con sus labios en mi boca dándome el calor que me devolviera la vida; y lo pensé con su pelo mirándome profunda directamente a mí.

Su imagen no sale de mi cabeza, las piernas y los brazos me tiemblan y el corazón no tiene piedad de mí. Voy a llevar el diario conmigo para dárselo y que sepa toda la verdad.
Por lo pronto debo dejar de escribir, y tal vez esta sea mi última página. Nada importa, mi deseo por él es más fuerte. Recuerden siempre que aposté por el amor, y si él no fuera posible, a la muerte por el amor será.

Espero ansiosa volver a escribir...

-Preejet-


Tinieblas: Las páginas de Lady Preejet Lonet¡Lee esta historia GRATIS!