Día 10

13 6 0

Las páginas de Lady Preejet Lonet

Día 10

Me encontraba caminando por el bosque.

Era de noche y sentía el frío húmedo de la tierra debajo de mis pies descalzos. La niebla y la oscuridad no me permitían ver con exactitud hacia dónde me dirigía ni en dónde estaba parada, por lo que tuve que avanzar con lentitud, calculando cada paso, debido a la densa tiniebla que envolvía mi alrededor. Por un instante me detuve aterrada. El ruido crujiente de las hojas me había alertado. Dirigí la mirada hacia todas las direcciones intentando, sin éxito, ver qué sucedía y quién estaba allí. El bosque estaba demasiado oscuro por la turbia noche y la poca luz que emanaba de luna llena, que a duras penas asomaba por entre las nubes. Aunque nada podía distinguir, mis oídos me aseguraban que algo me acechaba. Por unos instantes el terror me paralizó. Cuando caí en la idea de que estaba en peligro, corrí con desesperación, olvidando pensar y actuando solo bajo el imperio de ese instinto de supervivencia que nos emparenta con los animales. Llegué hasta un enorme árbol que se elevaba imponente en el bosque. Tenía una bifurcación en forma de "V" y allí fue donde me refugié de lo que fuera que me estuviera cazando. Imaginé que estando un poco elevada podría observar con más precisión lo que se avecinara y lograr anticiparme. Mi vida estaba en juego y todo mi cuerpo me lo hacía saber, temblando al unísono. Moví los ojos de un lado al otro, observando constantemente el terreno para saber a qué me estaba enfrentando. Tenía que protegerme... pero, ¿con qué? Esa pregunta fue como pararme frente a un abismo, del cual no podía huir, quedando entre la muerte... y la muerte. Nadie me podía auxiliar en ese momento; solo mantenía una escasa esperanza de que estuviera a salvo allí arriba. Mantenía la esperanza de haber evadido la amenaza, o tan solo poder correr en la dirección correcta en el instante justo y encontrar el camino a la campiña que me devolviera a los confines del castillo salvaguardándome de todo peligro.
El helado viento congelaba mi cuerpo y me hacía temblar más de la cuenta. Frío y miedo... miedo y frío giraban envolventes a mi alrededor. Intenté respirar profundo para tranquilizar a mi corazón que latía sin cesar por el terror y el desconcierto. De manera involuntaria me abracé a la gruesa rama que tenía a mi lado y que se elevaba por encima de mi cabeza intentando, en vano, que me protegiera o me diera un poco de calidez. En ese momento, escuché a mis espaldas una respiración fuerte e intensa, cuyo calor logré sentir en mi cintura. Me di la vuelta con un aprontado movimiento plagado de horror acompasado por un grito que recibía la inminencia de la muerte.
Ante mí se apostaba la figura de un lobo. Me miraba feroz y desafiante, llenándome por completo de miedo. Sus enormes colmillos brillaron en lo profundo de la oscuridad demostrando toda su potencia frente a mi perplejidad. Con sus ojos clavados en los míos respiraba velozmente y gruñía sin parar, sabiéndose vencedor ante su presa inmóvil. Logré reaccionar. Otra vez, sin pensar mis movimientos, di dos pasos hacia atrás, buscando alejarme de ese animal terrorífico que me acechaba. Él no se movía; solo continuaba mirándome fijo y mostraba todo su poderío asesino frente a mi desvalida posición. Antes de irrumpir a correr, miré por detrás de mi hombro y distinguí a un segundo animal que, sin siquiera darme oportunidad de comenzar a correr, se abalanzó sobre mí, apoyando sus enormes patas en mis pechos y dejándome indefensa contra la húmeda y fría tierra... Puramente a su merced. Y a la del primer lobo también. Ambos me miraban con intensidad y me veían como a cualquiera de sus presas, a la que matarían sin piedad y comerían con gusto.
Sus gruñidos se hacían cada vez más fuertes e insoportables. Era el sonido de la mismísima muerte. No esperaron mucho más; se abalanzaron con ferocidad con sus hocicos abiertos de par en par, y con sus filosos colmillos, comenzaron a desgarrar mi cuerpo que, poco a poco, se fue transformando en carne muerta, penetrada por cientos de dientes. No pude ofrecer ningún tipo de resistencia. La muerte estaba parada frente a mí, esperando el momento en que mi alma abandonara para siempre mi existencia física.

Todo se había vuelto negro... Ya nada podía ver. Ya nada podía escuchar. Ya nada podía sentir...

Tinieblas: Las páginas de Lady Preejet Lonet¡Lee esta historia GRATIS!