Día 8

12 6 0

Las páginas de Lady Preejet Lonet

Día 8

Desde la salida del sol hasta la aparición de la luna permanecí dentro del castillo. Incluso tuve que desestimar la oferta de un paseo con mi madre. Me sentía verdaderamente avergonzada y no podría siquiera soportar que él me viera luego de lo que había dicho. Si ya me sentía desnuda con su mirada, ahora podría leerme el alma. Con el vacío de su respuesta imaginé que él, tarde o temprano, huiría de mí.

¿¡Cómo no pude contenerme!?

La respuesta era evidente. Fui una verdadera tonta que se dejó llevar por el tornado de emociones del momento. Aun así, y a pesar de todas las excusas que quisiera hacerme creer a mí misma, no iba a dejar de reprocharme haber abierto la boca cuando no debía. Todo lo que produjo Jaime en mi cuerpo con su mirada, con sus manos, con sus suaves labios había sido tan intenso que el desenfreno era ineludible. ¿Sería yo muy débil, los sentimientos muy fuertes o Jaime tan irresistible? No servía de nada que continuara preguntándome esas cosas, aunque lo hice durante todo el día. Necesitaba hablar con alguien... Alguien con más experiencia, que pudiera tranquilizarme. O tal vez, guiarme en cómo continuar ahora y remediar lo que había hecho. Mary había salido del castillo hasta el pueblo para comprar comida, harina y otros mandados que mi madre había ordenado, por lo que no contaba con mi mayor confidente.
Recuerdo los días que siguieron a mi primer sangrado: mi madre, pese a haber estado conmigo en esos primeros momentos, no quiso volver a hablar del tema y, por supuesto, no fue ella quien me informó de lo que eso implicaba. Una tarde, Mary subió a mi habitación con la intención de ofrecerse para lo que yo necesitara. Sin embargo, el motivo real por el cual se había acercado hasta mí era para conversar del asunto. Me sentó en la silla frente al espejo y, mientras pasaba suavemente el cepillo por mi cabello, me explicaba cómo, a partir de ahora, yo era capaz de darle un hijo a un hombre, que mi sangrado vendría de manera regular durante toda mi vida, cada mes, y también me explicó cómo debería prepararme para ello. Cualquiera pensaría que me habría asustado más de lo que ya estaba por el acontecimiento, pero no fue así. Las palabras de Mary, siempre tan suaves, me llevaron tranquilidad, porque ahora sabría cómo esperar y recibirlo todos los meses. Ahora que recuerdo esto, tal vez, esté comprendiendo el significado de aquella sentencia que tanto me había confundido: "Ahora eres una mujer"...
En el castillo solo estaba mi madre. Era la única persona con la que podía hablar con un poco de confianza, aunque nunca logramos un vínculo tan íntimo como con Mary, y sobre todo, no creía que se sintiera muy a gusto con lo que fuera a decirle después de esa charla que tuvimos. No obstante, no había nadie más con quien mantener una conversación y realmente todo esto me estaba matando por dentro. Lo necesitaba. Decidí en ese momento, cuando el sol comenzaba a esconderse, ir en busca de mi madre a su habitación, donde seguramente se encontraba, puesto que en la sala no había advertido su presencia. Pese a mi ansiedad, caminé por los pasillos del castillo con lentitud, aun convenciéndome a mí misma de tener esta conversación con ella. Mi madre creía que lo que sucedía con Jaime era un juego y... ¡No era así! De igual manera, no había nadie más y mis dudas crecían a cada instante haciendo insoportable mi existencia.
Mientras me acercaba a su habitación pude ver, a la distancia, que la puerta estaba levemente entreabierta. La intriga me inundaba. Cuando estuve lo suficientemente cerca, escuché a mi madre gritar. Eran gritos desgarradores, como si estuvieran clavándole una espada en el centro del pecho y revolviéndosela dentro del cuerpo. Mi corazón latía tan rápido como una carreta con cien caballos al galope y mis piernas temblaban. Mi madre me necesitaba. ¡No podía dejar que la lastimaran! Tomé coraje mientras me acercaba y, con fuerza y rapidez, abrí la puerta de la habitación. Mi corazón latía con una velocidad incalculable hasta que la imagen lo detuvo por completo. Mi madre estaba totalmente desnuda, tumbada sobre la cama boca abajo. Y mi padre, también desnudo, con toda su humanidad sobre ella y arremetiendo contra su cuerpo con una fuerza descomunal. El rostro de mi madre se mostró sorprendido y desesperado ante mi total perplejidad. No así mi padre, que nada parecía perturbarlo. Ella se tapó rápidamente con lo primero que encontró, pero mi padre, con una total falta de pudor, se acercó desnudo... ¡Totalmente desnudo! Sostuvo su mirada un tiempo antes de hablar.

—La curiosidad para otro momento —me dijo con una frialdad increíble ante la situación que se estaba viviendo.

—Mis perdones... —comencé a decir, hasta que me vi fuera de la habitación.

Cerró la puerta luego de empujarme hacia fuera y yo, petrificada, como todas las estatuas del castillo, permanecí allí por unos segundos hasta que mis piernas empezaron a correr siguiendo el ritmo de mi llanto. Nunca había visto una imagen similar. Ello produjo que una duda germinara: ¿Mi madre estaba siendo golpeada? Los gritos parecían guiar la respuesta de manera afirmativa, pero su pudor al ocultarse tras las telas era algo que no encajaba con la situación. Fue la primera vez que vi el miembro de un hombre y, a pesar de mi vista estupefacta y curiosa, el espanto predominó, impulsado por la mirada de mi padre, que mezclaba en sí misma la tranquilidad de lo apacible y lo devorador de una furia extraña.

Tinieblas: Las páginas de Lady Preejet Lonet¡Lee esta historia GRATIS!