Día 7

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Las páginas de Lady Preejet Lonet

Día 7

Mi encuentro con Jaime había sido fantástico, lleno de romanticismo y sorpresas que dieron lugar a una conexión intensísima con tan solo mirarnos a los ojos... Nunca me había sucedido algo así y tal vez sea la causa de mi huida, tan extraña y espontánea que no supe entender. No poder nombrar a las cosas o a los hechos me hacía sentir tanta incertidumbre que no pude permanecer allí. Y posiblemente haya tenido la imperiosa necesidad de dejarlo decantar dentro mío y darle palabra. ¿Tal vez amor? Con tan solo recordarlo, se erizaba cada centímetro de mi piel. Lo amo y creo que él me ama a mí.

A pesar de todo intento de explicarme mi accionar, sigo reprochándome haber huido de aquella escena refugiándome en el castillo después de recibir de su parte aquella bella rosa que guardo celosamente en mi cuarto. Tal vez fue la emoción y la intensidad del momento o la loca necesidad de no dejar mis sentimientos expuestos ante sus ojos. O tal vez me era indispensable retirarme a pensar en todo lo que había sucedido. Aun así, sin tener en claro la razón que me llevó a huir, que por otra parte ya poco importaba, lo hice... Y me lo recrimino constantemente, sin poder evitar imaginar lo que él estaría pensando de mí. De tanto darle vueltas al asunto, una frase retornó insistente y punzante: "jugar al amor con el hijo del jardinero..."

«¡Yo no estoy jugando!» —le gritaba dentro mío a la figura de mi madre, a la que imaginaba sentada e imperturbable a pesar de mis gritos—. Lo que siento por él es real. Su mirada me lo ha dicho todo. Sentí el impulso de ir a buscarlo. No me preocupé ni en mi vestido ni en la combinación de mis zapatos. Tampoco atiné a tomar mi sombrilla... Solo quería verlo a él. Necesitaba escucharlo por primera vez, escuchar de su boca lo que sentía por mí y que pudiera oír lo que yo sentía por él. Fantaseaba con sus labios acercándose a los míos, jugando a rozarse unos con otros, en un acercamiento tímido que provocara cada vez más con más intensidad las ganas de fundirse el uno con el otro. Inmensas eran mis fantasías. Nunca había besado a un hombre.

Salí a hurtadillas del castillo, evitando cuidadosamente ser vista. No quería que nadie se entrometiera en esto, mucho menos, después de lo que había tenido que escuchar de los propios labios de mi madre al respecto de Jaime y mi "juego de amor". Posiblemente Mary pudiera guardar ese secreto por la confidencia que tenemos, pero no podía esperar lo mismo de las demás damas de servicio que respondían a mis padres con fidelidad. Afortunadamente, pude escabullirme en el momento en que las gobernantas habían salido de la cocina en busca de algunos suministros para la comida. Corrí por la campiña impulsada por la ansiedad de volver a verlo y casi caigo al suelo luego de que mi tobillo derecho no me sostuviera; por suerte pude estabilizarme y evitar el papelón de mi vida. Cuando alcé la vista, allí estaba él, tan espléndido como siempre. Sus ojos me vieron acercarse... Y juro por Dios que los vi brillar, como de seguro lo hicieron los míos también. Tuve que tomar fuerzas para avanzar y acercarme a Jaime. Su mirada me inhibía por momentos a causa de sus profundos y cautivadores ojos que jamás me habían mirado.

Cuando estuve frente a él, todos mis planes acerca de lo que iba a hacer o decir desaparecieron como el rocío de la mañana ante la llegada de un fuerte sol. No pude decir ni una sola palabra. Solo sostuve la mirada con mucho esfuerzo, hasta que él me miró y sus labios se abrieron con timidez.

—Mis ojos no pueden creer la belleza que acaba de posarse frente a ellos —me dijo lento y suave, haciendo que cada palabra me acariciara el alma sin quitarme la mirada de encima. Por un instante, me pareció ver cómo agachaba levemente su cabeza, tal vez por vergüenza. Esa frase la voy a recordar toda mi vida por ser las palabras que me llevaron a mi primer beso.
Seguía sin poder responder de manera alguna e intenté despejar de mis pensamientos lo que mis fantasías me mostraban con tanta vehemencia, para concentrarme en el aquí y ahora... con Jaime. Fue maravilloso, tan grandioso, que mi cuerpo, recorrido constantemente por placenteros escalofríos, se movía solo buscando ser uno con él, mientras mis manos acariciaban todo el contorno de su figura. Mi pecho estaba inflado de felicidad; mis latidos se escuchaban desde fuera y mi respiración iba tan rápida como el movimiento de mis labios. Separé apenas unos centímetros mi boca de la suya y, como si las palabras tuvieran vida propia o hubiera alguien más adentro mío, salieron sin permiso alguno, exponiéndome de la peor manera.

—Te amo —le dije sorprendiéndome yo misma de lo que acababa de hacer, tapándome la boca con las manos y queriendo que el tiempo volviera en sí. Él se quedó inmóvil, tal vez tan sorprendido como yo. Transcurrieron unos segundos que me parecieron eternos hasta que, sin decir una palabra, volvió a besarme, pero esta vez sin la pasión y la fuerza de la primera vez.

Creo haberlo arruinado todo...


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