Capítulo 61.

4.1K 290 40

— ¿Qué? —murmuró sorprendido.

Me quejé cuando aflojó un poco el agarre de sus brazos alrededor de mi cuerpo. Sonrió de lado antes de volverme a abrazar.

—Sí, ¿no era eso lo que querías?

Sí, ¿o no? Me había puesto entre la espada y la pared unos días atrás, en el muelle de Santa Mónica. Julián quería que lo nuestro no estuviese bajo un contrato y, ya que todo dependía de mí, me decidí.

—S-sí, quiero decir, sí —titubeó—. Es que no me imaginé que en estos días algo así se te había pasado por la cabeza, pensé que estarías en otra —confesó.

¿Qué creía? ¿Qué por haber cambiado mi número y no responder sus llamadas, había dejado de pensar en él? En serio, ¿se le había pasado por la cabeza?

—Me dijo que lo conveniente va a ser esperar un poco más para no tener problemas, pero que él está de acuerdo. También me dijo que se alegra por los dos —sonreí, David siempre iba alguien importante para mí.

— ¿No tener problemas con quién? —inquirió, cómo si no hubiese escuchando nada de lo que había dicho después de eso.

—Con Paul —dije rápido—. No quiero que tengas problemas con él por mi culpa.

David me había dicho que no estaba bueno lo de terminar contratos antes de tiempo. No tenía idea de cuánto tiempo duraba este. No me había tomado el trabajo ni de leerlo.

Él solo hecho de recordar ese papel me hacía temblar. Era algo tan inhumano.

— ¿Podes dejar de sentirte culpable por todo? —preguntó para regresarme al planeta.

Lo miré. Siempre me decía que dejara de preocuparme por él, por Paul. Pero simplemente no podía. Incluso de afuera la relación con Paul parecía incómoda y estresante, no quería imaginarme como él se sentía. ¿Cómo no iba a querer ayudarlo?

—Yo también soy adulto, sé lo que hago y sé de qué quiero hacerme cargo.

Fije mis ojos en los suyos y acaricié su cabello. Sonreí cuando sentí la suavidad entre mis dedos. Él cerró los ojos con fuerza y se relajó. Me quedé unos segundos en silencio, admirándolo. Cómo si no tuviese cosas por las que preocuparse cómo para pensar en un estúpido contrato.

Abrió los ojos nuevamente y me pegó a su pecho mientras sonaba su cuello.

—Algo se rompió ahí —bromeé, luego de que prácticamente todos sus huesos sonaran.

—Estoy cansado.

Giré mi cuerpo aún entre sus brazos para quedar de frente a él.

— ¿Querés que te haga masajes? —pregunté divertida y Julián alzó una ceja.

— ¿Sabes? —contestó con una sonrisa en la cara.

—Sí, ¿quién no sabe hacer masajes, Julián?

Yo.

—Date la vuelta y ponte boca abajo en la cama —ordené mientras me ponía de pie.

—Me gusta más cuando yo digo esa frase —dijo mientras me hacía caso.

Revoleé los ojos ante su chiste mientras me sentaba sobre su cintura. Se quitó la remera con agilidad y la dejó sobre la cama.

Masajeé sus omóplatos por unos segundos. Acaricié sus brazos y sonreí cuando su piel se erizó bajo mis dedos. Admiré cada uno de sus músculos.

— ¿En qué pensas? —corté el silencio, viendo que no podía relajarse.

Tenía los ojos abiertos y miraba fijamente algo.

—Me gustan tus caricias —susurró. Hice una mueca divertida, aprovechando que no podía verme. No era eso lo que pasaba por su cabeza pero era agradable de escuchar de todas formas—. Michael, ¿estuviste con él? —largó de un segundo al otro.

Frené el movimiento para tomar aire.

— ¿Es una broma? —pregunté en un susurro, deseando que grite "sí".

—Eso no responde mi pregunta.

Se limitó a decir. Abrí mis ojos sorprendida.

—No, idiota. Claro que no.

Sí, al parecer no solo pensaba que estos días había dejado de pensar en él sino que también imaginaba que algo con Mikel había ocurrido.

Levanté mi cadera sólo un poco para quitarme de encima suyo. Giró su cuerpo rápidamente, quedó boca arriba en la cama y me tomó con fuerza. Los intentos que hice para soltarme de su agarre fueron en vano.

Me miró atento. Su cara estaba relajada. ¿Se estaba divirtiendo con todo esto?

Yo también puedo hacerlo.

—Además, no es asunto tuyo con quién me acuesto o dejo de acostarme. Puede que me haya acostado con él y nunca lo sabrás.

Festejé por dentro cuando vi que mis palabras producían el efecto deseado: ahora se había transformado en bestia.

— ¿Qué acabas de decir? —gritó desesperado, con una sonrisa en su rostro.

Largué una carcajada mientras hacía fuerza para no caerme. Él se sentó de golpe haciendo que mi cuerpo terminara sobre la cama. De un segundo al otro, lo tenía sentado encima de mí mientras me golpeaba con la almohada una y otra vez.

—Basta, por favor —rogué cuando no podía casi respirar de la risa.

Me tomé la barriga con fuerza cuando él dejó caer la almohada a un costado de la cama. Lo miré divertida. Su cara se transformó.

—Dios, dejé tu mejilla roja —rozó mi piel con sus dedos. Dejé de respirar por unos segundos. Iba a terminar muriendo si no empezaba a controlar mejor mi respiración—. Te extrañe —dijo como si nada, haciéndome temblar de pies a cabeza.

Estiró sus brazos para ofrecérmelos mientras se sentaba en la cama. Los tomé con ganas y, cuando lo tuve frente a mí, me lancé a su pecho. Me apretó con fuerza contra él mientras sus brazos me rodeaban.

—Yo también —admití.

Lo sentí sonreír contra mi pelo. El estómago se me encogió cuando sentí la presión de sus labios detrás de mi oreja, casi en mi nuca.

—Besame —rogué después de unos segundos. Me soltó para tomar mi rostro entre sus manos y mirarme por unos largos e interminables segundos—. Por favor. Te necesito.

Me sonrió mientras negaba con su cabeza y apartaba su rostro del mío.

—No, antes necesito hacer una cosa.

— ¿Qué cosa? —pregunté frustrada, ¿por qué no podía simplemente besarme antes de hacer lo que tenía que hacer?

—Pedirte que seas mi novia.

Adiós, mundo cruel.

Fake¡Lee esta historia GRATIS!