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Pen Your Pride

Cap 1: El Gobernador

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- Juro que te vas a arrepentir cuando salga de aquí -dije amenazante al gobernador.

- Atacaste a mis hombres -dijo molesto mientras caminaba de un lado a otro.

- Mataron a mi hermana ¡enfrente de mis propios ojos! -contesté enojada.

- Ésta es la segunda semana que sigues diciéndome esa tontería -dijo furioso-. Volveré mañana- dijo y salió de la habitación.

Me quedé otra vez en ésta habitación, amarrada las manos y pies, sin armas y sin comida ni agua. Ni siquiera una pequeña ventana para que entre la luz del sol, todo el tiempo era oscuro. Tenía golpes en toda la cara, ése tal gobernador cada vez que "miento" me golpea, tengo el ojo morado y el labio partido, de lo que yo sé. Ni siquiera sé si es de día o de noche, ni me importa, lo que quiero es salir de éste infierno.

De pronto se comenzaron a oír disparos y gritos, me arrastré hasta la puerta de madera, por donde salió el gobernador, y la empujé un poco. No había nadie, comencé a golpear la puerta pero no se abría, seguí golpeándola hasta que me dolió el brazo, no me importó y seguí intentando, por suerte la puerta se abrió y logré salir arrastrándome como un gusano.

Observé toda la habitación y encontré un cuchillo que estaba en una pequeña mesa, comencé a arrastrarme hasta allá y empujé la mesa con mi espalda, la mesa cayó y el cuchillo también. Con las manos atadas, agarré el cuchillo con dificultad y comencé a cortar las cuerdas. Escuché unos pasos acercarse y mi corazón se aceleró.

- Vamos -susurré desesperada.

Alguien entró en la habitación pero por suerte yo ya estaba escondida detrás de un puerta, daba pasos lentos y parecía que observaba toda la habitación, sentí su presencia al lado de la puerta, que estaba escondida, así que salí con el cuchillo y ataqué al que estaba ahí. Para mi sorpresa no era el gobernador, era otro hombre que tenía una ballesta a mano. Cuando me di cuenta, me quedé inmóvil por un segundo y él la tomó como ventaja, me dio un golpe con su ballesta en la cara y caí boca abajo contra el suelo, puso mi brazo en mi espalda provocándome un fuerte dolor y mi cara estaba contra el suelo.

- Si intentas algo estúpido juro que te mato -dijo amenazante, alguien entró corriendo a la habitación pero el hombre le disparó una flecha en la cabeza y su cuerpo cayó al suelo.

- No me importa lo que digas, lo que quiero es salir de éste lugar -respondí.

- Vaya que te entrenó muy bien, como para parecer una verdadera chica inocente -dijo molesto.

- Primero, pensé que eras ése tal gobernador el que entró y por eso te ataqué. Segundo, ése hombre junto con otros más atacaron a mi grupo y mataron a mi hermana enfrente de mis ojos. Y tercero, estuve aquí por dos semanas sin comida ni agua, ni siquiera sé el aspecto de mi cara -contesté molesta. Él se quedó callado pero no me soltó - déjame ir -dije pero una bala pasó por en frente de mis ojos.

El hombre me levantó bruscamente, y se escondió detrás de una puerta llevándome consigo.

- Vaya, vaya, vaya. . . Christina no me obligues a matarte -dijo el gobernador.

Cuando mencionó mi nombre el hombre de la ballesta regresó a verme a los ojos. Sus ojos eran de un color celeste, sólo han pasado tres segundos y yo ya estaba en la luna. Iba a decir algo pero el hombre puso su dedo índice en sus labios en señal de que haga silencio. Lentamente él comenzó a caminar hacia otro lado mientras que yo lo seguía por detrás. Encontró una puerta, la abrió y salimos por ésta.

Habían muchas personas disparando, y había una terrible neblina. Aún así, él me llevaba bruscamente a no sé dónde. Llegamos a un pequeño rincón junto con otras personas.

- ¿¡Quién es ella!? -gritó un hombre apuntándome a la cabeza con su pistola.

- Un rehén del gobernador -contesté, él bajó su pistola pero aún así me miró con desconfianza- Creeme he pasado dos semanas. . . -dije pero sentía que mis piernas perdían el equilibrio.

Me agarré del hombre de la ballesta pero aún así, no podía mantener los ojos abiertos.

(...)

Abrí los ojos e hice un leve movimiento con mi cabeza pero dolió e hice una mueca de dolor. Miré a mi alrededor y estaba como en una especie de celda, me acomodé un poco y me di cuenta que estaba en una cama. Me senté en la cama y con cuidado traté de levantarme, pero mis piernas fallaron y volví a caer, alguien se asomó por la entrada de la celda, movió la cortina y era un chico de unos quince años, me miró por un rato y después gritó:

- ¡Papá! -gritó e inmediatamente entró el mismo hombre que me había apuntado con su pistola a mi cabeza.

El chico salió de la celda y el hombre sólo me miraba, me levanté como pude y me senté con cuidado en la cama.

- ¿Me puedes decir tu nombre? -preguntó, pero no respondí a su pregunta, él se acercó a mí pero yo me alejé - tranquila, ¿Me puedes decir tu nombre?- volvió a preguntar.

- Creo que ése hombre de la ballesta ya te lo dijo -dije pero él no dijo y siguió esperando una respuesta mía - Christina -respondí.

- Soy Rick Grimes, ¿Quién era ése hombre de allá? -preguntó.

- Un hombre que se hace llamar El Gobernador -respondí. El hombre miró el suelo por un rato y después regresó a verme.

- ¿Que hacías allá? -preguntó.

- Atacó a mi grupo y mató a mi hermana, maté a uno de sus hombres, me secuestró y me mantuvo encerrada en la oscuridad por dos semanas -respondí.

Él no dijo nada, por un rato salió de la celda y regresó con un plato de comida y la puso en el suelo.

- Come -exigió.

- Nunca pedí su ayuda -dije.

- Y nosotros nunca pedimos encontrarte.

Mi hombre de la ballesta (Daryl Dixon)¡Lee esta historia GRATIS!