Ahora estaba lista.

Di un último suspiro antes de cerrar la computadora para dar por finalizado mi día en la oficina.

Unos tres golpes llamaron mi atención. Tragué con fuerza para aclarar mi garganta, ponerme de pie y abrir la puerta. Mikel me esperaba sonriente del otro lado. Se había ofrecido para llevarme a casa luego de arrepentirse unas mil veces por haberme causado problemas luego de la fiesta.

Las puertas del ascensor se cerraron ante mis ojos y me tensé. Estar sola con él en un lugar tan pequeño me hacía sentir incómoda. Para mi suerte, a los pocos segundos se volvieron a abrir, avisándonos que ya estábamos en el subsuelo, en el estacionamiento.

No.

Jesús.

No podía ser cierto. La Range Rover no estaba estacionada ahí, no.

Cerré los ojos con fuerza queriendo hacerla desaparecer.

Pero sí. Estaba ahí. Y Julián estaba recostado en el asiento con el vidrio bajo, mirándome fijo a los ojos. Maldije por dentro preguntándome por qué tenía que ser tan impulsivo.

Las piernas me temblaron de solo verlo. Estaba tan hermoso como siempre. Tenía una gorra para atrás que lo hacía incluso más encantador.

Tragué con fuerza cuando su mirada se desvió hacia mi derecha.

—Creo que no va a poder ser —le susurré a Mikel y frené el paso.

Agradecí al cielo que no nos habíamos acercado tanto a él todavía.

— ¿Es una broma? —rió irónico—. Después de buscarte y escucharte por horas llorar por él mientras intentabas calmar tu borrachera y, después de que me echaras de tu casa para quedarte con él y que te eche cosas en cara para dar vuelta la situación y continuar con su ego en lo alto, no esperaba verlo pronto por acá —largó en voz alta.

Abrí los ojos para demostrarle cuán sorprendida estaba que me estuviese haciendo un planteo.

El corazón comenzó a latirme con fuerza cuando escuché el ruido de la puerta. Giré para comprobar lo que no deseaba: Julián había bajado de la camioneta y caminaba con las manos en los bolsillos, a paso lento, hacia nosotros. Estaba mordiendo con fuerza. Había escuchado todo a la perfección.

—En serio, creí que al menos ibas a jugar limpio —dijo cuando llegó a nosotros y lo miró directamente a Mikel. Se había parado tan cerca de él que sentía que sus narices iban a rozarse en cualquier momento—. Tenía claro que estabas esperando el momento para acercarte a ella pero no creía que ibas a ser tan poco hombre de decirle cosas sobre mí.

Di un paso hacia adelante para colocarle la mano sobre su abdomen. Temblé al sentirlo tan tibio como siempre. Busqué su mirada pero sus ojos no se quitaron de Mikel un segundo.

—Pero hoy es tu día de suerte, y estoy acá para que digas todo lo que quieras sobre mí, en mi cara —lo provocó.

Me tomé un minuto para observar como su cuello latía con fuerza. Tenía las pupilas dilatadas por la furia. Su rostro parecía relajado de todas formas, estaba intentando no perder el control.

Sí, celebridad. Lo estás haciendo bien.

— ¿Quién te pensas que sos para decirme lo que tengo que hacer? —preguntó Mikel y largó una risa irónica. Él tampoco parecía con ganas de dar un paso atrás—. ¿Solo porque sos un estúpido y famoso millonario pensas que voy a darte el gusto? —finalizó.

— ¿Si sabes quién soy para qué preguntas? —retrucó Julian altanero.

Festejé por dentro.

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