Capítulo 58. (Él)

4K 231 14

"El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio."

Revoleé el celular por los aires. Había escuchado la misma oración unas mil veces, durante los últimos cuatro días. Cuatro malditos días.

Sólo cuatro. Que se sentían como años.

Había abandonado su departamento completamente esperanzado. Lleno de ilusión y ansias. De ganas de querer hacer las cosas bien. Pero ella no estaba ayudándome mucho. Estaba ayudando poco. Mejor dicho: no estaba ayudando en nada.

Era martes y no tenía idea de si siquiera trabajaba. Paul estaba volviéndome loco en el teléfono, ordenándome una y otra vez que, al menos, saliéramos a dar una vuelta para que puedan fotografiarnos juntos.

¿Cómo pretendía que lo hiciera? Si ni siquiera podía comunicarme con ella.

—No estarás pensando en ir a buscarla a su casa, ¿no? —preguntó Maxi cuando me puse de pie.

—No, claro que no —mentí.

Eso era justamente lo que pensaba hacer.

Él largó una risa y negó con su cabeza, mientras revolvía el yogurt cómo si fuera un café.

—Si te pidió espacio y ni siquiera te atiende el celular, no creo que esté muy feliz de verte en su casa —agregó.

Tonterías.

—No sigas. No necesito tus consejos —le dije con un gesto de hartazgo.

—Ni siquiera pudo darte uno —murmuró nostálgico y fijó su mirada en el plato.

Oh, no.

Miré hacia el techo antes de comenzar la estúpida escena. Tosí antes de hablar.

—Entonces, ¿qué pasó —preguntó.

– ¿Con Oriana? —levantó una ceja confundido.

Apreté la mandíbula para evitar darle un golpe a la mesada.

—No, no estoy hablando de ella —expliqué—. Sino de Melina.

—Se llama Sofía.

Por favor, no.

Se llama Mikel.

—Da igual, cómo sea —escupí.

Maxi llevaba viéndose con esa chica desde que pisó Los Ángeles. Literalmente, había estado con ella la primera noche. Una pequeña sonrisa se escapó de mis labios al recordar aquellos tiempos. Esos descontrolados tiempos.

—No, no da igual. Te lo dije como diez veces. Es cómo si no recordaras otro nombre que no sea el de Ori —chilló frustrado.

—Oriana —lo corregí, ¿por qué todos actuaban como si tuviesen confianza con ella?

—Estás totalmente jodido —dijo poniéndose de pie, con el plato de yogurt en la mano. Sí, ¿recién se había dado cuenta? Estaba jodido. Hace mucho—. Suerte —me deseó antes de salir de la cocina y dejarme completamente solo.

Sí, me deseó suerte. Porque me conocía muy bien como para saber que nada de lo que me había dicho me importaba, y que no tenía otros planes más que ir a buscarla.

 Porque me conocía muy bien como para saber que nada de lo que me había dicho me importaba, y que no tenía otros planes más que ir a buscarla

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Fake¡Lee esta historia GRATIS!