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Capítulo 2

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De acuerdo. Tengo a un chico guapísimo sentado en el sofá de mi casa y que además, es un fantasma. Acaba de traspasar la pared de mi habitación y se ha quedado tan pancho.

     Expiro e inspiro. Expiro e inspiro.

     —¿Podemos hablar ahora que estás más relajada? —Me pregunta.

     —¿Quién ha dicho que estoy más relajada? —Respondo echándome el flequillo hacia atrás— ¡Eres un fantasma que se ha colado en mi piso! Y lo peor de todo, es que no te conozco en absoluto ¿no serás alguien que se la tiene jurada a algún antepasado mío? —El chico suspira de resignación.

     —Para mí es igual de sorprendente —comenta—. Recuerdo que hace unos días estaba en casa de mis padres, y de golpe, aparecí desorientado en mitad de la plaza. Ya no era el mismo, es decir, que estoy muerto ¡y no sé por qué! ¡Si estaba sano! —Concluye levantando los brazos. Apoya sus manos en su nuca y se inclina refugiándose entre sus brazos y su pecho.

     Helena, lo quieras creer o no, me digo a misma, tienes un fantasma en tu casa que está desamparado. Me acerco hasta él y me siento en el otro extremo del sofá; no muy cerca. Le miro un instante.

     —¿En serio no recuerdas nada? —Inquiero.

     —No recuerdo nada. No sé por qué estoy muerto ni por qué tú eres la única persona que puede verme —Se incorpora y me mira—. Ni sé quién eres.

     —He visto mucho en las películas y leído en libros sobre almas que vagan en el mundo de los humanos porque dejaron algún asunto pendiente ¿no será que dejaste algo pendiente?…

      —¿Algo pendiente? —Aparta su mirada de mí y mira hacia el techo esperando encontrar así la respuesta a la pregunta.

     Me levanto del sofá y me dirijo directamente hacia la estantería donde está el televisor. Abro uno de los armarios donde guardo las películas en DVD que me he ido comprando. Sé que tengo algunas sobre fantasmas. Leo los títulos de cada una y agarro la primera que veo que trata de este tema.

      —En “Ghost”, Patrick Swayze se queda en el mundo de los vivos para proteger a su amada del sucio traidor quien creía ser su amigo, ¿no será que tratas de proteger a tu chica de alguien que os ha traicionado? ¿Por dinero? ¿Herencia?

     —¿Eh? ¡No! —Me interrumpe—… No sé. Si tengo algún asunto pendiente no lo sé ya que, como te he dicho antes, ni siquiera sé por qué estoy muerto. Si supiera el por qué, quizás tendría una pista de lo que mi alma espera obtener.

     —¡Oh! –Chasqueo los dedos.

     Dejo el DVD en su sitio y vuelvo a sentarme más cerca del fantasma esta vez. Parece que ya no tengo miedo a que me vaya a poseer o cualquier cosa de esas que se ven en las películas de terror (jajaja, qué estupidez). Supongo que me estoy tomando el asunto como un juego de misterio.

     —Entonces si averiguas por qué estás muerto, qué fue lo que sucedió… quizás sea eso lo que necesitas para poder marcharte en paz —Me echa una mirada reflexiva.

     —¡Es verdad! —Se entusiasma—. Quizás aún sigo aquí por qué desconozco las causas de mi muerte. Si descubrimos qué fue lo que ocurrió, podré descansar en paz.

     —Un momento. ¿Cómo “si descubrimos”? —De inmediato borra la sonrisa de su cara y arruga el entrecejo.

     —¿Acaso no me vas a ayudar? ¿Vas a dejar perdido a este pobre fantasma? —Se señala con el dedo y pone cara de lástima. No me gusta que la gente ponga esas caras.

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