Una nota

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-¡Feliz Cumpleaños, Hermione! - Exclamaron todos al verla entrar a la sala común y la muchacha se ruborizó al instante.

Harry y Ginny fueron los primeros en abrazarla. Luego Dean y Seamus. Luego Neville, Lavender y Parvati. Y, finalmente, con un poco de timidez, Ron.

Ese domingo de Septiembre se pasó entre risas y chistes, todos juntos en la sala común de Gryffindor haciendo una pequeña celebración. Todos la pasaron muy bien, y Hermione se sintió como en casa. Recibió una carta de sus padres a la cual contestó lo más rápido que pudo.

Cuando la castaña consiguió salir unos minutos, ya casi eran las seis de la tarde y se apresuró a correr hacia la biblioteca. Debía conseguir un libro de Transformaciones para estudiar. Sabía que era loco querer estudiar en su compleaños, pero el regalo que ella más quería era una buena nota en ese examen.

Al entrar, el silencio y el agradable aroma a pergamino viejo la invadieron y se sintió segura y tranquila. Llegó a la sección de transformaciones y encontró el libro que había buscado toda la semana, el cual aparentemente había sido tomado por otro alumno. Emocionada lo abrió, y justo en el medio del libro había un trozo de pergamino.

Era pequeño y estaba doblado a la mitad. Sin embargo, Hermione sabía que no formaba parte del libro porque no era viejo, oscuro ni desgastado. Parecía fuera de lugar, nuevo, como si hubiera sido colocado allí por accidente el día anterior.

Lo tomó y un extraño aroma a menta inundó su cuerpo. Finalmente lo desdobló y su corazón se detuvo por un segundo. Escrita en una increíblemente prolija caligrafía, la cual, por la opacidad, parecía muy cara o recién escrita. O tal vez ambas.

"Querida Granger,
¿Qué harías si te dijera que te amo?

Sinceramente,
Feliz cumpleaños."

Querida Granger - Dramione¡Lee esta historia GRATIS!