Capítulo 4: Regreso

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Caminaba por la última rampa y dejó su pasaporte a la azafata de la puerta para que corroborase su identidad. Apuntándolo, le devolvió el pasaporte y le habló en un perfecto japonés comentándole que disfrutase de su estancia en Japón. Por fin había vuelto a su hogar. Nueve años viviendo en Estados Unidos había sido demasiado tiempo, añoraba su casa, su idioma, añoraba al que una vez fue el amor de su vida y lo perdió.

No había día que no se sintiera culpable por lo que había hecho. Ahora quería creer que había madurado, que ya no era ese chiquillo que obedecía ciegamente a su padre y que trataba de tener siempre su aprobación. Estar nueve años separado de su padre, de todo lo que había sido su mundo había sido tiempo suficiente como para ser alguien completamente independiente, hasta tenía su propio dinero para no tener que depender de él nunca más. Lo único de lo que se arrepentía en la vida era de haber perdido a Aomine, de haberle sacado de su vida como lo hizo. Quizá nunca se recuperase de aquello y las pesadillas jamás le dejaban descansar.

Veía una y otra vez a Aomine echándole la culpa de todo, era imposible conciliar el sueño, era imposible dormir una noche sin derramar lágrimas por él aunque luego volviera a ser el chico frío y serio de siempre una vez estaba rodeado de gente.

Cogió el pasaporte y siguió por la terminal hasta que vio al chófer de su padre allí esperándole. Era increíble... nueve años y no había cambiado nada, su padre seguía sin tener tiempo para él. Sonrió con cierta perversión dándose cuenta finalmente de todo lo que una vez le dijo Aomine, tuvo razón en todo, jamás le importó a su padre y ya era hora de demostrarle que para él... tampoco eran importantes aquellos momentos familiares.

- Bienvenido, señor – comentó el chófer haciendo una reverencia y Akashi se la devolvió con cortesía – deme su maleta, la llevaré al coche.

- Gracias, pero la llevaré yo mismo.

- ¿Señor? – preguntó confuso.

- No he necesitado ayuda en nueve años y no la necesito ahora. Gracias por su cortesía pero puedo hacerlo yo mismo – comentó con educación.

El chófer al ver cómo Akashi iba directo a abrir el maletero pero se adelantó abriéndolo él. Desde luego Akashi estaba muy cambiado a como todos le conocían. Subió en la parte trasera del vehículo y cuando el conductor arrancó, Akashi aprovechó para ver los carteles de salida hacia la autovía.

- Coja la siguiente salida.

- Pero, señor... la casa de su padre no está en esa dirección.

- No voy a casa de mi padre, voy a la mía.

- Pero su padre dijo...

- No se preocupe por mi padre, yo le explicaré las cosas. Vayamos a mi casa.

Pasaron por el centro de Tokyo cuando Akashi se percató que estaban cerca del apartamento en el que vivió junto a Aomine y miró por la ventanilla los altos edificios recordando el pasado. ¿Cuántas veces había caminado por esas calles con Aomine? Habían ido a comprar juntos, era su barrio.

- ¿Qué ocurrió con mi antiguo apartamento? – preguntó Akashi al chófer.

- Su padre lo alquiló pero como no sabía si usted deseaba ocuparlo de nuevo se deshizo de los últimos inquilinos. Ahora es suyo, señor.

- Detenga el coche – comentó Akashi y prácticamente antes de que lo detuviera, Akashi ya había abierto la puerta.

- Señor – gritó el chófer saliendo del vehículo viendo cómo Akashi salía corriendo por las calles hacia su edificio.

Baloncesto callejero (Kuroko no Basuke, AkaAo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora