28; Decepción y dolor

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Mis mejillas están rojas de la rabia, y miro hacia mi derecha para encontrarme a un Ethan totalmente descuadrado. Sus puños están fuertemente apretados a sus costados, y su pecho sube y baja irregularmente. Pero debo ser tonta para no esperar lo que ocurre a continuación, porque me quedo completamente a cuadros cuando Ethan se adelanta directamente hacia esos dos traidores. Me lleva un par de segundos reaccionar y correr detrás del pelinegro antes de que los alcance, justo cuando estos dos se separan y se percatan de la escena. La zorra de Natasha se pone detrás de Dylan, pero Ethan es más rápido que yo y le atina un puñetazo a este en la mandíbula. Doy un gritito cuando el rubio lo mira, despeinado, y con una pequeña sonrisa en el rostro.

-Vamos, Ethan. ¿Estás cabreado porque vaya a tirarme a tu preciosa ex? Eso si no lo he hecho ya -termina la frase con una carcajada sonora, lo cual no hace más que enfurecer a Ethan.

-Me importa una mierda que te folles a esa perra -las palabras malsonantes de Ethan rechinan en mis oídos; normalmente usa un vocabulario mucho más dulce y cuidado.

-¿Entonces a qué ha venido esto, mamón? -dice señalando su nariz, que ahora sangra por el impacto.

-Por pensar que tirándotela vas a conseguir a Lily. Espero que sepas que eso no va a pasar, estúpido engreído.

Todo esto empieza a marearme. La sonrisa se Dylan se transforma en una expresión indescriptible. El rubio da un paso adelante, pero la chica que tiene detrás suelta una queja y le coje el brazo. Él se deshace de ella con un movimiento rápido.

-¡Ya puedes irte, joder! - ladra el rubio con impotencia.

No puedo evitar mirarla con pena,  y cuando nuestras miradas se cruzan, ella aparta la suya rápidamente y sale de aquí corriendo, medio tropezando con sus impresionantes tacones de aguja.

La tensión del ambiente se podría cortar con un cuchillo,  y no me sale la voz para pedirles que no se peleen. En cuestión de segundos, Dylan da un paso al frente y empuja a Ethan, provocando que este caiga al suelo. Entonces el rubio se coloca encima de mi chico cuando este le propina un rodillazo en lo que creo que es el abdomen, provocando que se aparte rápidamente de él. Aprovechando, el pelinegro se levanta y le da una patada a Dylan, pero este consigue mantener el equilibrio y se levanta también.

- Por favor... - susurro mientras noto cómo las lágrimas ruedan ya por mis mejillas.

El rubio da un paso adelante y le atina un puñetazo a Ethan en la cara. Actuando por puro acto de desesperación, corro hacia Dylan gritando que paren. Pero, cuando me acerco y le agarro la chaqueta, él da un fuerte codazo hacia atrás y me da de lleno en la boca. Me quedo paralizada, notando el sabor metálico que se extiende por mis papilas gustativas. Entonces Dylan se gira y me ve.

- No. No. No. Lo siento. No quería hacerlo... Perdóname, Lilian.

- ¿Qué coño te pasa? ¡Mira lo que le has hecho! - grita Ethan.

Retrocedo lentamente, me llevo la mano a la boca, y esta se llena de sangre. Dylan me alcanza antes que el pelinegro.

-Por favor, perdóname, no sabía que eras tú -sus ojos buscan los míos desesperadamente, pero no los miro y me escabullo de él de un tirón, sollozando.

-¡Déjala en paz, joder!

Dylan masculla algo en voz alta,  pero no nos sigue cuando Ethan me arrastra hasta el hotel. Observo su rostro por el camino, y me doy cuenta de que uno de sus pómulos comienza a hincharse. Mañana van a recibir los dos una buena regañina de Charlie.

Toda la tensión acumulada me empieza a hacer efecto y me derrumbo. Me paro y me acurruco en un banco del camino. Empiezo a sollozar entrecortadamente.

-No llores, por favor.

-Dylan me ha pegado. Él me ha hecho esto -digo hipando descontroladamente mientras me llevo un dedo a los labios.

La boca se me hincha por segundos, y cada vez me cuesta más hablar.

-Si me dejas que te lleve al hotel, te lo curaré en cuanto lleguemos. ¿Vamos?

Es asombroso lo rápido que me convence Ethan para hacer cosas. Me tiende la mano y en menos de diez minutos estamos en mi habitación, y me asusto al ver la apariencia de mi boca en el espejo. Además de ensangrentado, está partido y amoratado, y cuando saco la lengua, observo que esta tiene también el mismo color. Supongo que me la mordí con el impacto del codo contra mi boca.

-Ven aquí- me dice mi chico sentado en el inodoro y con una pequeña gasa en la mano.

Me coloco entre sus piernas y, con sumo cuidado, me limpia la sangre del labio, obteniendo pequeñas protestas por mi parte. El hecho de que Dylan me haya golpeado, aunque no haya sido adrede, me duele mil veces mas que la herida que me ha provocado. Y ahora me doy cuenta de que me equivocaba cuando pensé que ellos dos serían los únicos en recibir una bronca; mi labio se va a llevar también parte del sermón. Observo cómo un aro morado se va formando al rededor del ojo derecho de Ethan.

Una vez me ha limpiado la herida, me aplica una crema que ha sacado de no sé dónde, y que se supone que es para las hinchazones. Me siento muy sucia y desaliñada, y comienzo a agobiarme.

-Necesito una ducha -manifiesto en voz alta mis pensamientos.

Ethan se muerde un carrillo y me mira pensativo.

-¿Quieres que me quede? -pregunta, extrañándome de que no se muestre vergonzoso como habitualmente hace.

Nunca hemos llegado muy lejos en lo que respecta a temas íntimos y... bueno, no me ha visto desnuda aún... ni yo a él. Pero, puesto que nunca me han dado pudor este tipo de temas, asiento con la cabeza.

Abro el grifo del agua caliente, y comienzo a desvestirme pero, cuando me quedo atascada en la cremallera del vestido azul oscuro que llevo puesto, Ethan me ayuda a desabrocharla, pasando sus dedos suaves por mi piel al mismo tiempo. El vestido cae al suelo y me deshago del la ropa interior, que arrojo a un lado. El pelinegro se queda un momento observando mi cuerpo, y yo no desvío la mirada de sus ojos.

-Eres perfecta -murmura.

Lo miro sin emoción, como una muñeca rota, y me meto bajo el chorro de agua caliente, que hace que mi labio me escueza ligeramente. Disto mucho de ser perfecta. La perfección como tal no existe, es solo uno de los muchos ideales del ser humano.

Escucho a Ethan desvestirse también, y se mete en la ducha conmigo. Me giro y, cuando lo hago, me limito a recorrer cada centímetro de su cuerpo. Es tan apetecible...

Sus manos vuelan a mi barbilla y me suben la cabeza, obligándome a mirarlo a los ojos. Entonces se aproxima y me besa casi tan suave como acariciaría una pluma el aire. Sin embargo, cuando intento mover la lengua para dejar que la suya invada mi boca, suelto un quejido de dolor. Al darse cuenta de esto, se separa y apoya su frente en la mía, antes de recorrer toda mi clavícula con sus labios. Se entretiene un poco con mis pechos, y suelto un ligero gemido cuando noto una leve presión entre mis piernas. Las separo un poco y el pelinegro se percata de ello.

-¿Estás segura? -me dice respirando entrecortadamente.

Y yo asiento con la cabeza.

Una modelo en apuros.¡Lee esta historia GRATIS!