Capítulo 57. (Él)

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No me quitó los ojos de encima un solo segundo. Y no, no estaba lo suficientemente preparado cómo para aguantarme un "deberías irte", mirándome a los ojos, con mis dos grandes enemigos riéndose de mí.

—Pensé que no ibas a decir eso nunca —susurró la colorada que ahora había avanzado al puesto número uno en la lista de personas a acribillar.

Seguida por Michael, claramente.

El idiota dio un paso hacia adelante para sentarse a su lado mientras yo no podía dejar de observarla.

Había sido una jodida y maldita larga noche.

Una de esas que no querés que se repitan nunca.

Y ahora estaba de pie frente a todos, quedando como un estúpido. Sintiendo su rechazo como un puñal en el hígado.

Tragué saliva y, cuando me propuse a dar un paso para mover mi culo de ahí, volvió a hablar:

—Mikel, por favor, dije que deberías irte —largó aún mirándome a los ojos.

Mi corazón bombeó con fuerza y quise dar un giro en el aire. No pude evitar mostrar una sonrisa mientras sus ojos se iluminaban.

Jenny alzó una mano en alto para hacer un gesto de cansancio. Se dio media vuelta para desaparecer en el pasillo. Acto seguido, pegó un portazo.

Se lo agradecimos. Todos y cada uno de los seres humanos agradecimos que se haya encerrado de una vez.

Michael atravesó el departamento para agarrar su inmunda campera que aún chorreaba agua. Me senté en el sillón a esperar mientras veía como mi chica lo despedía y le pedía una y mil veces perdón. Si ella supiera cuántas veces los hombres hacíamos cosas como esas sólo para conseguir un polvo no se hubiese disculpado tanto. Un café y una vuelta en auto a cambio de un polvo era un precio razonable. Más aún uno con ella.

Y ese era otro motivo por la que no la quería cerca de él. Porque yo sí sabía como él pensaba.

Chau, Michael.

Cerró la puerta y giró para verme. No había dejado de mirarme en el último rato y si no dejaba de hacerlo pronto iba a terminar de des-enojarme con ella.

—Voy a ducharme rápido —murmuró.

Asentí casi desesperado, incapaz de hacer un comentario.

Apenas desapareció por el pasillo miré todo a mí alrededor. El techo parecía caerse sobre mí. Estaba tan cansado y agobiado.

Y enojado.

Pero toda la bronca que inundó mi cuerpo cuando la vi con Michael, las dos veces, desaparecía al recordar su rechazo. Había salido corriendo. Incluso cuando supo que había estado buscándola por horas, cuándo vio como la veía llegar con él, cuando supo que no me importaba nada más que verla llegar a casa a salvo...huyó de mí.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me sentía un imbécil.

Apoyé mis codos sobre mis rodillas y escondí mi rostro entre mis manos. Permanecí de la misma manera unos largos segundos. Me sobresalté cuando sentí como el sillón de hundía a mí lado.

Levanté la mirada para observarla. Estaba tan fatigado que ni me importó que sólo llevara un short diminuto y una camiseta de tirantes.

—Perdón —dijo de golpe. Tragué saliva porque, aunque era lo que esperaba con ansías, no creía que iba a largarlo tan fácilmente—. Yo... no sé. Estaba tan enojada porque estabas ahí con ella.

Sacudió su cabeza sin poder creerlo. ¿Ahora todo iba a girar en torno a Eloise? ¿Y no a Michael?

—Me dejaste sola con Maxi, cuando esa misma tarde me hiciste un escándalo cuando te pregunté por qué no había salido a almorzar con nosotros —reprochó.

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