Capítulo 56.

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Aire.

Eso me sentía.

Había corrido unas buenas cuadras. La lluvia se había encargado de hacer todo incluso más dramático.

Necesitaba aire. Necesitaba ser aire.

Quería regresar pero eso implicaba dar explicaciones. Y es que ni yo las tenía.

Nunca había tenido una actitud tan inmadura en mi vida. ¿Salir literalmente corriendo? Genial. ¿Con qué tupé luego culpaba a Julián por esconder sus problemas en el alcohol?

Emprendí la vuelta a casa intentando no pensar. Estaba muy concentrada en abrazar mi cuerpo para calmar el frío. La estúpida campera de Mikel pesaba toneladas mojada y no hacía más que helar mi piel.

Mi cuerpo se relajó un poco cuando llegué a la entrada del edificio y vi que no había nadie ahí, sólo el portero observándome desde el lado de adentro con una sonrisa divertida. Me dejó entrar y rápidamente me metí en el ascensor. Nada me apetecía más en ese momento que mi casa. Mi verdadera casa. No me había detenido un segundo a pensar en cuánto deseaba estar en mi sillón, con mi taza favorita, mientras mi mamá cocinaba o mi papa miraba televisión.

Permanecí un momento frente a la puerta, cómo si fuese una casa completamente desconocida para mí. Alcé la mano para golpearla. La abrieron de un tirón al instante.

La mandíbula casi me llega al suelo cuando vi a Julián frente a mí y, detrás suyo, en el sillón, a Mikel. Afortunadamente, los dos estaban igual de sanos que siempre.

Julián me envolvió entre sus brazos al verme temblar. Temblé aún más cuando me di cuenta que no le importaba la presencia de Mikel ahí.

Me acurruqué sólo un poco en su pecho y dejó un rápido beso en mi pelo.

Jenny apareció por el pasillo sorprendida. Sus ojos salieron de sus órbitas al verme completamente empapada. Probablemente estaba pensando en que iba a tener que limpiar todo esto luego.

— ¿Qué mierda es todo esto? —gritó. Se acercó corriendo a mí—. Cuando te abrí la puerta, pensé que Oriana venía atrás tuyo, no él —le recriminó a Mikel.

¿Por qué Jenny le había abierto la puerta de nuestro departamento a Mikel? Y, ¿por qué Jenny seguía comportándose cómo una maleducada con Julián?

— ¿Qué pasó para que salgas así bajo la lluvia? —continuó hablado sin dejar meter un bocado—. ¿Quién de los dos tuvo la culpa?

—Él —dijeron al unísono, señalándose cómo dos nenes.

Intenté contenerme pero no pude evitarlo: revoleé los ojos.

—Lo mejor va a ser que te des una ducha y te saques esa ropa —propuso Julián.

Tragué saliva al ver cómo se había tranquilizado desde la escena en las escaleras. Me quité rápidamente la campera de Mikel para dejarla sobre una silla. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Me senté en la silla para quitar mis zapatos. No le quité la vista un segundo de encima a Julián. Parecía cansado. Había sido una larga noche para todos, pero más aún para él. El corazón se me estrujó de solo pensar que había estado dando vueltas por horas buscándome, mientras yo tomaba café sin parar con Mikel y Jenny.

Mikel se había portado increíblemente bien conmigo. Con las dos.

Me inundé de vergüenza de solo pensar que mañana tendría que verlo en el trabajo. Moría de pudor de solo saber que lo había llamado borracha, que nos había recogido por la fiesta y que había ayudado a que se me quitara la borrachera. Sin contar, claro, que nos había traído a casa y se tuvo que aguantar una escena como la pasada.

Centré mi vista una vez más en la súper estrella, que se encontraba increíblemente molesta e intentaba disimularlo. Quería olvidar por un momento todo lo que había pasado en su fiesta. Olvidar a Eloise, olvidar al chico que casi me había besado frente a él. Quería pedirle disculpas y rogarle que hagamos cómo que esta noche nunca había existido.

Pero no podía.

No podía dejar de lado todo lo anterior, cómo él seguramente tampoco podía dejar de lado mis pendejadas, y, mucho menos, a Mikel.

Sin embargo, no hizo más que complicar las cosas cuando caminó hacia mí.

—Julián, será mejor que te vayas —le ordenó Jenny interrumpiendo sus intenciones.

—Jenny, será mejor que cierres la boca —le advirtió.

Reí por dentro. Mi amiga podía sacarlo de sus casillas rápidamente. Y es que se había estado comportando como una idiota con él desde el primer día, incluso con todo lo que Julián había hecho por nosotras.

No podía sacar mis ojos de encima de él.

Tenía un lío increíble en la cabeza pero había algo de lo que estaba segura y no quería lidiar con ello un segundo más:

—Deberías irte —dije aún mirandolo fijo, todas las miradas se posaron sobre mí.

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