Capítulo 1: Hospital Privado Psiquiátrico Germanio Allen

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Londres -1910

-Doctor McGregor, si no me necesita, desearía poder retirarme a mi hogar.

El joven doctor, Edmond McGregor, alzó la mirada y algo confundido vio a la enfermera que se asomaba por la puerta de su consultorio. Él era un Psiquiatra muy apasionado con su profesión. Sabía que se metía tanto en el estudio de las hojas clínicas que no se percataba de su entorno ni de la hora; por eso le costó un momento darse cuenta en qué lugar se encontraba y ver quien le hablaba. La mujer que lo interrumpió, era la enfermera de unos cincuenta años aproximadamente que hacía a la vez de su asistente y jefa de enfermeras.

-Si por supuesto... -Ed dijo un poco aturdido mirando su reloj de bolsillo. Eran pasada las diez de la noche- sabe que no me gusta que se quede hasta tan tarde -Se quejó al ver que era demasiado tarde.

-Usted podía necesitarme; además no se preocupe que hoy es jueves, mi esposo está en su reunión de póker cerca de aquí y pasará a recogerme.

Le sonrió, cuando vio que Ed se dejaba caer en el respaldar de su silla de madera, claramente cansado. Ella entró y se paró frente a su escritorio con una expresión de tristeza al ver qué expediente estaba revisando. Era el único con el que el doctor McGregor pasaba horas tras horas leyendo y revisando.

- ¿Aún piensa que Michael podrá recuperarse?

-Sé lo que piensa, pero realmente sé que él puede... sé que puede...

Repitió Ed cubriéndose la cara con las manos, era imposible que explicara lo que sabía. Se sobresaltó un poco cuando sintió la mano de la señora en su hombro.

-Te comprendo Ed -le habló con voz suave y cordial- pero esto te está consumiendo, eres el médico en jefe hasta que regrese el doctor Kingston y es mucha responsabilidad verificar todo y a la vez dedicarle tiempo a ese expediente, necesitas tener tiempo para ti. Eres tan joven.

-Pero... él puede tener una mejor vida.

Su voz era casi un ruego, el joven doctor no tenía ni medio año de haber egresado de su facultad con honores cuando un día le propusieron el puesto de médico residente en Londres. Viajó casi de inmediato y después de tres años de trabajo, le ofrecieron el puesto de Psiquiatra en Jefe-Temporal del Hospital.

Edmond McGregor era americano de alta estatura, si bien no era de contextura gruesa, se veía imponente y de apariencia un poco severa. Sin embargo, era muy amable a la hora de atender sus pacientes. Siempre tenía una sonrisa para ellos por eso era apreciado, al menos de los que estaban medianamente conscientes de su entorno.

Con un suspiro, Ed cerró el expediente y Susan le apretó la mano en señal de apoyo, le sonrió y volvió a la puerta. Antes de salir, volteó a mirarlo. Otra vez se veía profesional.

-Por favor, doctor McGregor, no se quede hasta muy tarde, recuerde que mañana tendrá revisión a primera hora y los pacientes se impacientan cuando demora en llegar.

-Lo sé, guardaré todo y me iré. Por fortuna, vivo aquí.

Le dijo a modo de sarcasmo. Susan no dejó de sonreír mientras salía y cerraba la puerta.

Edmond vivía realmente en el hospital. En el ala Oeste del recinto, allí había un área especial con pequeñas habitaciones adaptadas, con baños para los médicos residentes. Las enfermeras también tenían un lugar para alojarse cuando era requerido ya sea porque vivían lejos o porque se les hacía tarde por el horario de turno de ellas, así evitaban que salieran muy tarde en la noche. Las calles londinenses al anochecer eran más tenebrosas de lo que se decían en los libros y en esas épocas una mujer sola en la calle no era bien visto.

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