Capítulo 54.

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Su pregunta estuvo rebotando de un lado al otro en mi cabeza durante todo el día. Mi obvia respuesta era no. Pero su cara y su desesperación cuando me lo preguntó me estaban haciendo dudar.

Ya estábamos mezclando muchas cosas, mezclar incluso el trabajo era demasiado. Nuestra relación, después de todo, estaba sellada en un papel. Había un maldito papel que decía que él y yo éramos novios.

¿Iban a pagarme por el video? Era demasiado.

Sin contar la cantidad de insultos que, sin dudas, recibiría por parte de sus fans qué, claramente, no tenía ganas de aguantar.

Todo era más simple si yo decía que no.

Había dejado de insistir sólo porque le pedí que me llevara a mi departamento después de almorzar. Quería pasar un rato con Jenny, lo necesitaba.

Pasamos toda la tarde poniéndonos al día y cuando la media noche llegó aún estábamos en la nada.

Mi amiga estaba entusiasmada por hacer algo con los chicos. Bueno, con Agustín. Todavía no habían pasado a segunda base y en lo único en lo que pensaba era en lo bizarro que sería que ellos dos estuvieran juntos.

Julián había sintetizado todo en armar una fiesta en su casa. Según él, era menos revoltoso y sólo estarían los que él quería que estén. O sea, un millón de personas. ¿De dónde sacaba tanta gente siendo tan famoso? No quería ni imaginarlo.

Me miré por última vez en el espejo. El short tiro alto llegaba justo a mi ombligo. El top un poco más arriba. De esa manera, sólo se me veían unos centímetros de piel. Acomodé mi pelo hacia un costado y salí de la habitación para encontrarme a mi amiga.

Rogarle a Julián que no nos viniera a buscar había sido en vano. Había estado con el humor bastante alterado durante todo el día, y estaba deseando con ganas que la fiesta logre calmarlo un poco.

El timbre sonó y las dos nos paramos de golpe. Sin siquiera atender el portero, salimos al pasillo para bajar a la planta baja en el ascensor. Arqueé una ceja cuando estuve cerca de la puerta. Jenny me miró confundida cuando la abrí.

—Hola, Ori —me saludó echándome un vistazo.

— ¿Mikel? —pregunté divertida.

No entendía que hacía en la puerta de mi departamento pero su presencia me parecía entretenida.

—Veo que llegué en un mal momento.

Reímos juntos. Observé como mi amiga se sentaba en los sillones de la sala.

—Bueno, es casi media noche, ¿qué otra cosa podía esperar, no? Tuve suerte de no encontrarte borracha —bromeó una vez más.

Me apoyé en la puerta aún abierta para observarlo.

¿Cuántos años tendría? Era joven. Unos tres más que yo, a mí parecer. Era rubio, muy. Su piel era blanca como el azúcar. Lindo.

—Me tomé el atrevimiento de buscar tu dirección en tu archivo. Tenía que acercarte esto cuando antes —me estiró unos papeles. Lo tomé sin darle importancia—. Es una devolución de la editorial sobre tu reseña. Supongo que van a pedirte algo parecido el viernes así que me pareció importante que la tengas.

Sí, lo que digas

Me observó juguetón en cuanto se dio cuenta de que no estaba prestándole atención.

—Estás hermosa —dijo de la nada.

Me acomodé sobre el marco de la puerta, ahora más afuera que dentro del edificio.

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