Capítulo 53.

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Me revolví en la cama. No tenía idea de que hora era pero sabía que era muy temprano. Giré mi cuerpo y lo vi, sentado en el borde calzándose las zapatillas.

Dio vuelta su cabeza y me miró sonriente. Apoyó sus manos en la cama para inclinarse  y besar mi cabeza.

—Buen día.

Gracias Dios por tener la suerte de escuchar esa voz ronca en las mañanas

Gruñí adormilada. Él rió.

—Tengo cosas que hacer. Es muy temprano, descansa un rato más —casi que me obligó.

Y no me resistí. Asentí con la cabeza mientras él guardaba un mechón de cabello detrás de mi oreja.

Cerré los ojos y caí otra vez en el sueño.

Estiré la mano para alcanzar mi teléfono en la mesa de noche. Agradecí al cielo no haberme pasado del medio día. A nadie le importaría que durmiera toda la tarde, pero me hacía sentir incómoda tomarme esos atrevimientos fuera de casa.

Abrí mi Instagram.

Cómo siempre, era un caos. Más que nunca.

Me habían etiquetado un millón de veces en la misma foto. Julián presionándome contra su cuerpo para besarme como nunca antes, frente a todos. Nos habíamos besado frente a todos. El corazón se me detuvo.

Bajé por las fotos sin tomarme el tiempo de leer los comentarios. No tenía ganas de que nadie arruine mi día. Abrí sólo una para entrar, desde la etiqueta, a su perfil.

El corazón se me detuvo otra vez.

Había dejando de lado tanto mi celular últimamente, que ni siquiera lo había visto.

Julián había subido una de las fotos que nos habíamos sacado en la camioneta. Yo estaba encima de él, aunque él parecía estar encima de mí por el ángulo. Su rostro increíblemente relajado estaba entre mi cuello y mi pecho. Tenía una cara de bebe terrible. Era un oso. Sí, un oso de peluche.

Bajé solo un poco para ver el pie de la foto.

Así, siempre.

La piel se me erizó. Lo quería acá, al lado mío, ahora mismo.

Bloqueé el teléfono no sin antes leer algunos comentarios de su foto. Podría haber sido peor. Algunas estaban contentas de encontrarlo "tan relajado junto a ella".

Me puse de pie y me encerré en el baño durante un largo tiempo. Me duché e higienicé para luego buscar en mi enorme bolso una muda de ropa limpia.

Bajé las escaleras y entré a la cocina divertida ante la escena que veía.

Maxi estaba sentado en una de las tantas banquetas. No parecía estar haciendo nada, más que mirar su celular. Frente a él, un delicioso desayuno. Mi panza hizo ruido. Levantó la cabeza para mirarme entretenido.

—Hola —exclamó.

Levanté mi mano para saludarlo. Llevé mi mirada hasta el desayuno, otra vez. Después de que llegamos de la fiesta, no habíamos salido de la habitación. Julián no me había dejado bajar porque los chicos estaban jugando a la PlayStation, como siempre.

Él siguió mi mirada y dejó el celular sobre la mesada para estirar la bandeja hacía mí.

—Julián lo preparó, y me pidió que lo vigilara.

Me tomé un segundo para procesar sus palabras. Julián le había pedido que vigilara un desayuno, para que nadie más se lo coma. Y, lo que era peor, él lo estaba haciendo.

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