Capítulo 51. (Él)

Comenzar desde el principio

Lo miré a Paul y entendió a la perfección que me importaba una mierda la jodida fiesta y este tipo Simón. Sin embargo, no hizo más que hacer lo que siempre hacía:

—Estaremos ahí, los tres.

Dio un portazo con fuerza cuando estacioné otra vez en mi casa

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Dio un portazo con fuerza cuando estacioné otra vez en mi casa. Habíamos corrido hasta su departamento para que buscase algo que ponerse y todas las demás cosas que las mujeres necesitan.

Me apuré para bajar de la camioneta y bordearla para llegar a su lado y observarla. Estaba nerviosa.

—Dame ese bolso —dije arrancándoselo del hombro.

Era enorme para que lo cargara sola. Claramente, metió la mitad de las cosas que tiene en su departamento en él y pesaba una tonelada.

—Bueno, entonces yo bajo lo demás —exclamó enseguida abriendo la puerta trasera.

Agarró la percha y se estiró en el asiento para alcanzar sus zapatos. Aproveché su movimiento para colocarme detrás de ella, darle un apretón en el muslo y pegarla a mí.

—No, yo puedo llevar eso también. ¿Podes relajarte? —pedí sacándole todo de la mano.

—Perdón —suspiró.

Me desesperé cuando noté como se relajaba ante mi tacto. Podía causar en ella un 10% de lo que ella causaba en mí. Quizá un 5%.

—Tranquila —rogué.

No estaba acostumbrada a estas cosas repentinas de Paul y no quería que se acostumbrara a ellas.

Abrí la puerta de casa y me aflojé cuando vi que los chicos habían despertado de la siesta y estaban peleándose por la PlayStation. Me hacían caer al mundo en solo un segundo.

—Subí a la habitación que ahora subo a dejarte todo esto —murmuré.

Nada mejor que los dos sátrapas y la chica que me volvía loco en un mismo lugar.

Después de un par de cervezas a las cuatro de la tarde qué, por supuesto, no me habían caído nada bien; me encontraba observando a la modelo que jamás imaginé tener a mí lado, arreglándose frente al espejo.

Había hecho algo algunas ondas en su pelo. Lo tenía atado y se estaba despeinando las puntas.

Observé como la pollera tubo de cuero se ajustaba a sus muslos. Debajo tenía un body. Era oscuro y casi transparente exceptuando la parte de arriba. Por supuesto, ya había pensado mil y una formas de sacárselo en segundos.

—Bueno, siempre y cuando los amigos del imbécil de Simón tengan su edad, no va a haber problemas —bromeé.

Por supuesto que no iba a haber problemas si no iba a despegarme de ella un minuto.

Estiró un brazo hasta su cabeza y desató su pelo. Le cayó por sobre los hombros increíblemente despeinado y ardiente.

—En serio, sos más sexy que cualquier cosa que te puedas imaginar.

Ni siquiera tenía en mente algo cómo para compararla. Me puse de pie para llegar a dónde estaba y bordear su cintura con mis brazos.

— ¿No vas a cambiarte? —levantó una ceja divertida, viendo que ya casi teníamos que irnos.

—Ni lo pienses.

Claro que no. Cuanto más se note que me importaba una mierda todo esto, mejor. Me apuré para acariciar su espalda por encima de la áspera tela. Me sonrió. No aguanté más y devoré sus labios como tenía ganas de hacerlo desde que se había empezado a cambiar delante de mí.

Tiró de mi pelo y, al instante, estuve listo para hacer lo que ella quisiera de mí. El timbre nos interrumpió. Pensé, en verdad, en quitarlo para que nadie más pudiera prenderse a él e interrumpirme cuando estaba con Oriana.

Me tomó de la mano y salimos juntos de la habitación. Cuando estuvimos por la mitad de la escalera, vi a Maxi sentando en el borde del sillón mientras Paul lo aburría con sus palabras. Llegamos a la planta baja y Agustín apareció por la cocina. Le echó un vistazo a Oriana que habría sido digno de una patada en las costillas, si no fuese mi hermano.

—Sigo pensando que es mucho para vos —bromeó.

Sus palabras hicieron que Paul se voleara a vernos.

—Justo como lo imaginé —expresó irónico mientras se acercaba—. Oriana, estás hermosa. Julián, traje una camisa y unos zapatos. Apúrate —dijo extendiendo una bolsa negra en su mano.

Sentí la mirada de Oriana y giré para verla. Ya se había puesto incómoda.

—Por favor —susurró.

Le arranqué la bolsa de la mano a Paul y me senté en el sillón junto a Maxi que acarició mi hombro. No había nada que pudiese calmar mi mal humor, excepto las piernas de Oriana qué, claro está, Paul no me había dejado devorar. Me anudé los zapatos para luego acomodarme la horrenda camisa. En serio, era horrenda. Negra con un estampado animal en gris oscuro.

Agustín volvió a la cocina tentado y decidí no decirle nada porque iba a terminar pateándole el culo.

—Nosotros vamos en mi camioneta, y no se discute —dije cuando terminé de acomodarme la ropa.

Claro que no se discutía. No quería depender de él para volver a mi casa y no me apetecía tampoco compartir el viaje juntos.

Tomé a Oriana de la mano de pasada y la arrastré hasta el garaje. La vi apretando sus labios para no reírse de mi camisa. ¿Ella también iba a burlarse de cómo me controlaban?

—Ni una palabra —advertí.

Salí del garaje lo más rápido que pude y conduje por unos diez minutos hasta la dirección que el pesado de Paul había grabado en mi celular.

Estacioné enseguida y bajé. Quería acabar con todo esto rápido.

El frío me dio una cachetada en la cara. Volteé para mirarla. Se estaba acariciando los brazos a ella misma. Abrí la puerta de atrás para buscar dentro un abrigo. Me di la vuelta y se lo puse en los hombros. Enseguida sonrió y tuve la necesidad de pegarla a mi cuerpo.

—Quién iba a decir que la súper estrella tenía este lado caballeroso y tierno —largó burlándose de mí.

—Por favor, no hagas que te meta en la camioneta de nuevo y te haga mía justo acá.

Abrió la boca y me miró aterrada por mis palabras.

El auto de Paul se detuvo a mi lado. Bajó con su postura de controlador y supe que iba a ser una noche de mierda.

Al menos, la tenía a ella conmigo.

Fake¡Lee esta historia GRATIS!