Capítulo 51. (Él)

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— ¿Qué pasa? —preguntó.

Claro, cómo no iba a notarme raro si estaba más duro que una piedra viendo como movía sus caderas de un lado al otro mientras lavaba los platos.

Me revolví en la banqueta de la cocina divertido.

—Nada, me gusta que vuelvas a estar acá, en casa.

«Y, además, no puedo dejar de pensar que muero por hacerte mía en la mesada»

Me regaló una sonrisa y me aplaudí a mí mismo porque supe que estaba haciendo bien las cosas.

El timbre me sacó del mundo de Oriana y sus maravillas. Corrí a la puerta porque no quería que nadie nos interrumpa hoy. Mi peor pesadilla apareció cuando la abrí.

—Por favor, otra vez no —rogué haciéndome a un lado para dejarlo pasar.

Habíamos pasado toda la mañana discutiendo y no creí que iba a volver a verlo hoy.

—Sí, otra vez sí. Y compórtate —dijo mientras miraba hacia atrás y esperaba que un hombre bajase del auto.

— ¿Es un chiste? Decime por favor que sí.

No me interesaba la mierda de negocios que tuviera para ofrecerme. Él hizo como si nada pasara y sacó su mejor sonrisa falsa, que la tiene casi incorporada.

—Julián, el es Simón. Es el representante de la discográfica acá. Quería conocerte —explicó y estiré mi mano sólo por cortesía.

Cuanto más me comportara, más rápido sacarían sus culos de acá.

Hice un gesto con la mano para invitarlos a pasar, aunque Paul no iba a tardar en hacerlo. Cerré la puerta mientras llevaba mi cabeza para atrás. Siempre estaba arruinando todo.

Entré a la sala con las manos en los bolsillos, listo para la guerra. Sentí como la vena de mi cuello se inflaba cuando los ojos del hombre fueron directo a la cocina. Como no. Me di vuelta para comprobar qué, como no, no hacía otra cosa más que observarla. Y ella, cómo no, no se daba cuenta.

La sangre me subió a la cabeza cuando se inclinó hacia adelante para guardar un par de cosas en el bajo mesada y, cómo no, miró su culo sin ningún tipo de problemas; y, por supuesto, no tenía ningún problema en ubicarlo de una trompada, me importaba una mierda quién sea.

—Ori, ¿por qué no esperas al cuarto? —grité.

Ella se dio vuelta de golpe y me observó a lo lejos.

—Oriana, no sabía que estabas acá —exclamó Paul y se acercó a ella cuando apareció en la sala.

Le dio un beso en la mejilla y Simón, después de presentarse, lo imitó. Estiré mi brazo para tomarla de la cintura y pegarla a mí.

—Espera arriba, por favor —supliqué en su oído.

Ella asintió sin problemas. Sonreí.

—No, por favor, quédate —largó Simón y tuve que aguantarme las ganas de darle vuelta la cara de una trompada—. No quería interrumpirlos. Paul me dijo que vivías cerca de dónde estábamos reunidos y quise venir a conocerte e invitarte en persona a la fiesta de hoy.

«Me importa una mierda»

— ¿Fiesta? —pregunté, ni siquiera sé por qué.

—Sí, hay una fiesta de la discográfica hoy. Estás terminando el CD, por lo que sé, así que me gustaría que vengas. Te pido disculpas por invitarte ahora.

Me habría caído bien, si no le hubiese mirado el culo a mí chica. Me mordí el labio cuando la miró.

—Invitarlos, perdón.

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