- En ciertas cosas, creo que no.- Murmure desviando mi mirada, el tenerlo tan cerca era incómodo.

-¿Cuales cosas?.- Pregunto casi en un susurro.

- O-olvídalo.- Intente alejarme, pero nuevamente el tenía la delantera, tomó mis mejillas con ambas manos, haciendo que me mantuviera cerca y le mirase.

- Dimelo, dudo llegar a enojarme.- Dijo sutilmente con una sonrisa.

- Co-como lo que hiciste cuando fui a cuidarte, por ese tipo de cosas no confió en ti, pervertido aprovechado.- Dije, intentando mirar a otro lado, pero aún así pude detectar su sonrisa.

- Vamos un beso no mata ni derrite a nadie.- Susurro.

-No pero si contagia, idiota, Por algo estoy así, no soporto mi nariz y garganta por tu culpa.- Comencé a retener aire en mis mejillas, sin duda sabía que era su culpa, por su tonto capricho de besarme, termine enferma.

-Créeme que no fue mi intención, no pensé que esto pasaría, pero mírale el lado bueno, ahora yo cuidare de ti.- Y nuevamente ahí estaba esa sonrisa de travesura de la que parecía orgullo.

- Eso es lo que más me preocupa.- Confesé.

-¿Por que deberías preocuparte por eso?.- En medio de su pregunta coloco esa típica trompa de pato, sin duda intentaba darme esa apariencia tierna, una con la que me sintiera cómoda, pero simplemente era perturbador.

- Por que eres un completo psicópata pervertido, por eso.- Dije y el no tardo en poner esa cara de cachorro herido en lo que acercaba su rostro al mío, rozando nuestras narices.

- Wam.~- Dijo en su bobo intentó de ser tierno, sacándome una leve sonrisa, pero no era lo suficientemente bueno como para hacerme caer con eso.

- Te golpeare si no te apartas.- Susurre, amenazando lo como ya siempre acostumbraba.

El como siempre sólo me sonrió, sin duda haría caso omiso a mi amenaza, y tal y como pensaba así fue, antes de darme cuenta ya estaba pasando de nuevo, sus labios estaban sobre los míos, logrando que mi corazón se agitase, nunca lograría acostumbrarme a eso, no es que me desagradara, últimamente solía responderle, sólo solía dejarme llevar, por sus labios, sus caricias y esas cosas tan típicas que solían pasar al encontrarnos solos en algún lugar y podría decirse que, me empezaba a gustar, en ocasiones deseaba ser yo quién diera el primer paso hacia un beso, pero lo admito, mi orgullo nunca fue capaz de permitirme lo, yo sólo seguía con mi carácter evasivo y cruel hacia el, sin importar que.

-Ustedes dos. .- Dijo mi hermano, golpeando nuestras cabezas para que nos separáramos, finalmente había llegado a casa.

- Bienvenido Ryuta.- Dijo Tsuzuku en lo que tocaba aquella zona que mi hermano había golpeado.

-¿Era eso necesario?.- Pregunte, inflando mis mejillas en lo que imitaba aquella acción de Tsuzuku, sin duda mi hermano tenía una mano pesada.

- ¡Tsuzuku! Te lo he dicho ¿no? No le hagas cosas raras estando en casa, realmente no quiero llegar un día y encontrarlos haciendo cosas indecentes en alguna parte de la casa.- dijo Ryuta con su típico regaño, desde hace tres meses había nuevas reglas, entre esas es que Tsuzuku no podía tocarme y besarme estando en mi casa, ya que mi hermano no quería ver nada de eso y sin duda tenía sus motivos.

- Claro, lo siento.- Dijo Tsuzuku con una sonrisa, mientras que yo guardaba silencio, observando a mi hermano completamente horrorizada, aunque sus palabras no significarán mucho, para mi era como invocar al mismísimo Satanás ¿yo hacer ese tipo de "cosas" con el? ¡Nunca!

- En fin, he traído comida China, vamos a comer, me imagino que ustedes dos no han comido nada.- Dijo Ryuta, alzando aquella bolsa que traía consigo.

『Dulce y peligroso camino de espinas』¡Lee esta historia GRATIS!