Los delicados comienzos de un nuevo final

Comenzar desde el principio

Si remontamos unas horas antes, podíamos ser espectadores de las maravillosas palabras del capitán de Karasuno después de un duro entrenamiento matutino. Que el pequeño pelirrojo volviera no significaba que tuvieran que bajar el ritmo. El Harukou estaba cerca y debían prepararse para lo peor. Y ahora que su señuelo definitivo y su preciso colocador de primer año estaban de vuelta, dando el ciento diez por cien de su esfuerzo, no podían desaprovechar esa oportunidad. Y finalmente, para dar por terminada esa agotadora práctica, el profesor y el capitán deleitaron al equipo con sus frases filosóficas y motivadoras.

Por suerte para todos, el ambiente seguía siendo el de siempre y nadie mostraba signos de preocupación o distracción. Seguían siendo aquel bullicioso equipo que todo el mundo quería.

-¡Hey! ¿A quién le toca quedarse hoy en casa de Hinata? -preguntó el chico pelado de segundo año para llamar la atención a todos los presentes antes de que abandonaran el gimnasio. Miró a las caras de sus compañeros, esperando una respuesta.

Hinata se empezó a sentir nervioso por ese silencio tan incómodo que, en parte, se había formado por su culpa. Levantó la mano para hacer notable su presencia y pronunció:

-No creo que haga falta que os quedéis más días, me encuentro perfectamente. Además la compañía de Sugawara-san el otro día me ayudó a recuperar las horas de sueño que me faltaban por culpa de las pesadillas -hizo un gesto raro con los brazos para después hacer una pequeña reverencia de gratitud a Suga.

El albino sonrió y se acercó al centro del círculo al ver que ninguno de los presentes decía nada.

-Lo prometido es deuda. Creo que debería quedarse Nishinoya -dijo acariciando el pelo del pelirrojo con cariño -ayer insistían mucho en ir. Miró de reojo al su so dicho y dio un par de palmaditas en la espalda de Hinata, haciendo que éste tosiera por la fuerza del impacto.

-Wooooh ¿¡Has oído eso Shouyou!? ¡Vas a tener el honor de compartir un tiempo precioso con el maravilloso Nishinoya Yuu! -gritó, escandalosamente mientras pegaba saltitos con el pelinaranja.

-¡Noya-saaan!

-¡Shouyouuu!

A Hinata se le iluminaron los ojos e instintivamente miró a Kageyama, que se encontraba un poco separado del resto del grupo. El pelirrojo arqueó una ceja, pero los gritos de alegría de Noya y el resto de sus compañeros le sacaron de sus pensamientos y prefirió no darle importancia. El moreno había estado un poco abstraído de la práctica, siendo "Kageyama" ninguno no le prestó mayor atención. Hinata, en cambio, lo había estado notado desde el comienzo, y ese extraño comportamiento le estaba empezando a molestar.

Cuando el barullo de gritos se había calmado el capitán los mandó a todos al vestuario, donde rápidamente se cambiaron y se dirigieron a la entrada del instituto para separarse e ir por sus respectivos pasillos y clases.

Dado que la entrada al pasadizo que conectaba con el gimnasio estaba situada al contrario que la puerta principal del instituto, los primeros chicos de primero en despedirse fueron Tsukishima, Yamaguchi y Yachi, dejando a Kageyama y Hinata en una incómoda situación que no sabían cómo definir.

Caminaron por el pasillo lentamente sin prisa alguna, disfrutando tontamente de esos momentos en solitario en un ambiente mucho más cómodo y reconfortante. Ninguno decía nada, solo con la presencia del otro bastaba para que sus corazones fueran a cien por hora. Antes de que Kageyama entrara en su propia clase una mano lo sujetó por la chaqueta impidiendo que avanzara más.

Hinata, cabizbajo, lo sujetaba con su temblorosa mano. Kageyama arqueó una ceja, sorprendido, se dio la vuelta para mirarle de frente. Antes de que éste pudiera decir algo el pelirrojo habló sin tapujos.

Desmoronamiento [EDITANDO Y CORRIGIENDO]¡Lee esta historia GRATIS!