Capítulo 48.

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—Entonces, te veo mañana y espero que ya te instales en la oficina —dijo sonriente Mikel.

—Genial —exclamé y evité aplaudir o dar un salto.

No podía esconder mi emoción. La revista había sido una de las primeras en contactarme cuando llegué al país. Siempre me invitaban a sus eventos. Creo que, de hecho, conocí a Julián en uno de ellos. Estaba feliz de que me tengan en cuenta y de que hayan pensando en mí para trabajar con ellos.

Me abalancé sobre Mikel para despedirlo y él besó mi mejilla divertido. Me caía bien.

Llegué hasta la planta baja del edificio. Desde las puertas del ascensor podía verlo. Estaba dentro de su tan amada camioneta. Los vidrios eran oscuros, pero el sol detrás ayudaba a verlo un poco.

Cantaba dando pequeños golpes en el volante, con sus anteojos de sol que lo hacían todavía más lindo.

Salí del edificio y lo primero que escuché y vi fue un flash muy solitario y lejano. Me relajé al ver que era sólo un fotógrafo desde el auto, y que no está acompañado.

Me acerqué a la Range Rover. Él se estiró en el asiento del acompañante para abrir desde adentro la puerta.

—Hey —saludó sonriente.

Pegó sus labios con los míos por unos segundos. La piel se me escamó, era la primera vez que hacíamos algo tan... tan... tan natural.

—Compré comida, ¿dónde querés comer? —habló de golpe.

De tanta emoción no había sentido hambre en todo el día.

—En mi casa.

Quería ver a mi amiga. Y pasar un rato ahí con los dos. Encendió el auto mientras subía un poco la música.

Estaba entusiasmada. Quería hablar con Jenny, con mi mamá, mi hermana, mis abuelos. Contarles a todos mis seres queridos que lo que había venido a buscar estaba llegando.

— ¿Quién es tu persona favorita? —le pregunté sin pensar, solo para cortar el silencio.

El orden en el que iba a comunicarle las cosas a las personas con quienes quería hablar, me estaba haciendo pensar en eso.

Me sorprendió su silencio.

Ni siquiera hizo un esfuerzo por hablar, incluso por pensar.

¿Qué persona, en la faz de la tierra, se queda en silencio después de una pregunta así? A mí, incluso, tendrían que frenarme de la lista de nombres que podía llegar a largar.

Sus labios no se movieron en ningún momento. Estaba deseando que girara la cabeza, me mirara, y me dijera "mí mamá, ¿quién sino?". O su papá. Su hermana. Maxi. Agustín. Alguien.

La súper estrella estaba muy ocupada cómo para querer.

—Vos no querés a nadie —susurré mitad en broma y mitad no.

Levanté la vista. Había detenido la marcha y estábamos en el frente de mi departamento. Gracias a Dios. Bajé a los apurones de la camioneta. Estaba enojada, y ni siquiera sabía por qué. Quizá yo vivía en un mundo muy color de rosas en mi cabeza. Amaba todo lo que estaba relacionado con la familia, los amigos, el amor. De hecho, Jenny siempre se burlaba de mí porque desde pequeña sostuve que quería casarme joven. Ella ni siquiera deseaba hacerlo. Ese tipo de cosas me enfurecían, ¿por qué le gente no iba a querer casarse?

—Oriana —gritó cuando termine de subir los escalones de la entrada.

Me di vuelta de golpe mientras levantaba los brazos en el aire.

— ¿Qué?

Escuché el golpe que le dio a la puerta de la camioneta y ahora me tranquilicé. No podía pretender hacerme la celebridad al lado de él, ganaba por goleada.

— ¿Qué es lo que te pasa? —preguntó desentendido.

—Nada, es que... —titubeé—. No sé, hice una pregunta tan sencilla y de respuesta rápida qué... —suspiré—. ¡Qué no puedo creerlo! ¡No puedo creer que no tengas en mente a una persona cuando te pregunto algo así! ¿Cómo podes quedarte en blanco con algo tan humano y personal?

Dios, me había vuelto loca en cuestión de segundos.

Negué con la cabeza mientras me miraba aún confundido. Me di la vuelta para entrar al edificio. Sólo dos pasos pude dar antes de escucharlo:

—Dame tu mano —pidió agarrándome del brazo. Puse los ojos en blanco—. Por favor —insistió.

Estiré mi mano y la tomó en el aire. La llevó directamente a su cuello, justo dónde su vena latía.

—Mira cómo se me acelera el pulso cuando estoy cerca tuyo, ¿en serio crees que no quiero a nadie?

Mi corazón se retorció y ahora quería bofetearme a mí misma. Estaba helada de pie frente a él.

—Vos —susurré y lo miré desentendida.

—Yo, ¿qué? —tragué saliva.

—Vos sos mi persona favorita.

"Seguro ya morí".

Ahora era él quien estaba fuera de sí y yo la que permanecía en silencio incapaz de decir una palabra.

—Me alteras —exclamó—. No puedo creer que hayas salido así de la camioneta sólo porque me tomé un segundo para responder.

—No fue uno —me defendí.

— ¿Cuántos fueron? ¿Diez? —preguntó
sarcástico.

Ni su ironía hizo que saliera del shock en el que estaba.

—Pasé toda la mañana esperando el medio día para ir a buscarte y poder verte. Poder pasar un rato juntos. Hace tiempo lo único que hago es pensar en cuándo llegará el día en que me anime a pedirte que estemos juntos, fuera de ese estúpido contrato.

Oh, por Dios.

—Y vos no podes darte cuenta que estoy loco por vos.

Sí, morí.

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