Capítulo 47.

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"Jenny, voy a dormir afuera hoy. Tranquila, voy a estar ahí mañana temprano".

Dejé el celular sobre la cómoda mientras veía cómo se sentaba en la cama para quitarse los zapatos. Pensé, por un segundo, en qué tan loca pensaría que estaba si le pedía que me dejara usar para dormir la remera que acaba de sacarse. Era, por mucho, mejor que una limpia. Tenía su olor. No sólo su perfume, su olor. El de su cuerpo.

La vibración de mi celular me distrajo.

"De acuerdo, un saludo a Julián".

"PD: No hay apuro, dejame dormir en la mañana".

Sonreí.

— ¿Puedo usar esa? —pregunté y él siguió mi mano para encontrarse con la remera que recién acaba de arrojar al cesto de la ropa para lavar.

—Claro —se encogió de hombros extrañado.

La tomé en mis manos y, sin pudor, me quité la mía para ponerme la suya. No lo miré, pero en todo momento sentí sus ojos sobre mi cuerpo. Desabroché mis pantalones y los bajé, al mismo tiempo en que su remera se acoplaba a mi cuerpo.  Me dirigí hacia el espejo delante de la cama. Ate mi pelo mientras lo miraba, esperándome.

Su celular comenzó a sonar. Hice una mueca. Era muy tarde.

Supe que era Paul cuando su cara se transformó. Opté por ir al baño y aprovechar el tiempo para higienizarme. Cuando volví a la habitación, ya había cortado y ahora se tapaba el rostro con una mano.

Despejó su rostro cuando apoyé una rodilla en la cama. Me miró cómo si nada hubiese pasado. Tragué con fuerza al ver cómo las venas desaparecían de su cuello y su frente. Se podía transformar de un segundo al otro.

— ¿Querés hablar de eso? —pregunté aunque ya sabía la respuesta.

Negó con su cabeza.

—Pero podemos hablar de lo increíblemente sexy que te ves con mi remera.

Sonreí acostándome a su lado.

Estaba cansada. Y él también. Tenía los párpados hinchados y los ojos le pesaban. El agua nos había matado. Pasó su brazo por debajo de mi cuerpo y me pegó a él fácilmente. Me escondí en su pecho, pasando mis manos por su torso y sintiendo su piel.

—Descansa —susurró antes de besar mi cabello. Todo alrededor se relajó.

 Todo alrededor se relajó

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Abrí los ojos de golpe. Sin embargo, no me moví. Julián estaba abrazado a mi cintura con fuerza. Me senté un poco en la cama y acaricié su cabello sin problemas. Estaba empapado. En ese momento me di cuenta de que yo también lo estaba. Por eso me había despertado. ¿Por qué siempre hacía calor en esta casa?

Largué un suspiro. Estaba sedienta.

Julián se dio media vuelta, cómo si pudiese verme hasta dormido, liberando mi cuerpo. Aproveché su movimiento para bajar de la cama y abrir la puerta de la habitación.

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