Capítulo 5

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Harry sacudió la cabeza. Le dio una larga calada al cigarrillo y lo apagó.

"No me esperes para cenar"

"No me has respondido"

"La verdad es que no, Lena. No sé... no sé qué quieres que te diga. No sé qué quieres oír" agarró su abrigo y se lo ciñó al cuerpo, malhumorado. Ella no lo siguió.




Harry pasó la mañana entera trabajando y fumando a partes iguales. Liam apareció tosiendo, quejándose en voz alta de la "insoportable nube de humo" que tenía en su despacho.

Una llamada importante. Louis se estremecía exactamente de la misma forma que hacía cinco años cuando lo besaba en el hombro; le encantaba que lo hiciera. Solía hacerlo antes de marcharse. Un beso en el hombro y uno en la nariz, y Louis soltaba una risita y lo besaba en los labios antes de apartarlo con cariño.

Gina con café. ¿Había llamado a aquel socio? ¿Estaba informada la sucursal de aquella ciudad de las últimas operaciones? ¿Quería un informe de los últimos valores de aquella empresa?

Louis apenas olía a alfa. Apenas un leve tinte de olor bajo su piel, demasiado áspero como para ser suyo, y nada más. Era realmente bueno escondiéndolo; seguramente tenía que serlo obligatoriamente, pero no dejaba de ser impresionante. Al cabo de dos horas, casi olía a Harry. Casi olía como antes. Ese "casi" le dolía al respirar.

Sonó el teléfono. Era uno de sus informadores en Wall Street. Tal y tal acababan de caer en picado; Harry ni siquiera escuchó los nombres

Ya no quería oírlo hablar. Harry tendía a perder la cabeza en cuanto Louis se desnudaba; solía balbucear halagos casi sin sentido y murmurar alabanzas en su piel dorada. Y antes, Louis soltaba una risita y se acurrucaba más contra él con cada palabra. Pero de esta vez lo había mandado callar cuando apenas había pronunciado una palabra. Y no había querido mirarlo directamente; estaba esquivo e intranquilo, perdido en la necesidad ciega del celo. Estaba extraño.

Dio instrucciones. Oyó datos. Hizo cálculos mentales. Dio instrucciones otra vez. Frunció el ceño, soltando el teléfono que sostenía para frotarse el rostro con las manos.

Claro que estaba extraño. Han pasado cinco años. Se dedica a la prostitución. Y yo... yo no soy su alfa.

Carraspeó. Tosió. Respiró hondo. Cualquier cosa para aliviar el doloroso tirón en su pecho.

Yo no soy su alfa. Ese pensamiento lo acompañó toda la mañana como una espina; tiraba de él hacia abajo cuando ayudó a Liam a organizar el día siguiente, cuando le pidió a Gina más café, cuando llamó Lena con voz gastada para preguntar cómo iba el día.

Yo no soy su alfa.

Otro cigarrillo. Otro café. Más presiones. Más llamadas de teléfono. Números corriendo por la pantalla.


Al final de la tarde apareció Liam.

"Saca la cabeza de ahí" le dijo desde el umbral de la puerta, con una media sonrisa. Harry levantó la cabeza con agotamiento.

"Hola" susurró, haciéndole un gesto para que entrase "¿Cómo vas?"

"Horrible. Estresante. Necesito que se acabe el día de una vez"

Suspiró, pasándose una mano por el pelo.

"Pues a mí no me apetece mucho volver a casa" admitió "No todos tenemos un matrimonio de cuento de hadas..."

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