Capítulo 46. (Él)

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—Bueno, ese silencio no estaba en mis planes.

Largué al verla tan confundida.

No, claro que no. Ni siquiera me esperaba que se lo pensara. No después de todo lo que habíamos estado viviendo juntos últimamente.

Me hacía escenas de celos por Eloise. Yo a ella porque no me interesaba que nadie más que yo la vea en ropa interior. Pasábamos, prácticamente, todos los días juntos. No estaba con nadie más y ella, espero, tampoco. ¿Qué sentido tenía continuar teniendo una relación "por contrato"? Podíamos continuar de la misma forma sin ello. Sin formalidad. Sin Paul ni David en el medio.

—No, es qué...

Levanté una mano para interrumpirla.

Al parecer, ella no deseaba lo mismo que yo. Al menos no en este preciso momento.

–Entiendo —le dije.

Ya me había humillado demasiado.

Aceleré un poco el paso. Me encaminé hasta el fin del muelle recriminándome a mí mismo en qué momento se me había ocurrido. Jamás me había avergonzado de esa manera frente a una mujer. Nunca había sonado tan desesperado por estar con alguien. Y, claramente, en la vida me habían rechazado de esa forma tan... indiferente.

—Julián —me llamó a la distancia.

Cuando volteé a mirarla recordé por qué había pensado todo lo anterior. Porque era jodidamente una belleza.

Tragué con fuerza cuando la vi acercarse lentamente. Sus caderas se movían de un lado al otro a medida que sus piernas se alternaban para caminar. No se daba una idea de lo que podía provocar en mí.

Cuando estuvo cerca y noté que podía ver mis ojos cristalinos de la ira, le di la espalda. Puse mis manos en los bolsillos y entre cerré los ojos para concentrar mi mirada en el agua, apenas iluminada.

Mantuve la respiración cuando sentí sus brazos bordear mi cintura. Me abrazó con fuerza. Enterró su cabeza en el hueco de mi espalda. Permaneció ahí unos segundos, antes de moverse solo un poco para dejar un beso en la parte baja de mi nuca.

Hice un esfuerzo que no funcionó. Llevé mi mirada a mi entrepierna, aprovechando que ella no podía verme. Me ponía duro de sólo sentir sus labios contra mi piel.

Tenía a la mujer más sexy y hermosa que había visto en mi vida prendida a mí y yo continuaba intentando ocultar mi humillación y ahora, mi erección, mirando a la nada con ambas manos en los bolsillos.

Permanecimos en silencio durante unos minutos. Yo mantuve mi postura de frustrado.

Cuando se separó de mi cintura, maldije por dentro e hice un esfuerzo para no darme vuelta y lanzarme sobre su boca.

Se paró a mi lado.

Ahora éramos dos rechazados, que no tenían en mente dejar atrás su orgullo para mantener, al menos, contacto visual. Y es que, sin dudas, prefería observar sus largas piernas en lugar del agua calma. Pero continuaba con el ardor en mi pecho.

—Por favor, decime que estás tan incómoda como yo —dije al ver que podíamos permanecer toda la noche de igual forma y ninguno de los dos haría o diría nada.

Giré mi cabeza para verla. Mi corazón y mi entrepierna me agradecieron por ello.

— ¿Cómo haces eso? —preguntó con una leve sonrisa y levanté una ceja extrañado.

— ¿Qué cosa?

—Naturalizar todo.

Me encogí de hombros, ¿por qué razón no iba a hacerlo?

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