DÍA 2 - Capítulo 2

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Anahí se encontraba atrapada en aquella extraña novela; su mente se había sumergido en una distopía surrealista. Con gran concentración, pronunciaba cada palabra que leía en un leve susurro. No podía controlarlo. Le avergonzaba leer en público porque le era imposible hacerlo en silencio. Y cuando se concentraba, la mente de Anahí se aislaba del mundo. Era incapaz de notar cualquier cambio en el entorno y muchas veces no oía cuando le hablaban. En más de una ocasión olvidó incluso bajarse a tiempo del colectivo.

Fue por ello que no escuchó los pasos apresurados de Irina que corría por el pasillo con la respiración agitada, llamándola.

—¡Anahí! ¡Anahí! ¡Despertate! ¡No seas vaga! ¡Dale que es tarde!

La morocha se detuvo en la puerta de la habitación y se enfadó al notar que la muchacha estaba levantada. Creyó incluso que la estaba ignorando.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Irina—; pensé que a esta hora ya estarías duchada y todo.

Anahí cerró el libro, pero no levantó la cabeza.

—Primero que nada, ¿cómo carajo querés que sepa qué hora es? No hay ventanas ni relojes ni nada —suspiró—; además, lo decís como si supiera dónde mierda está el baño.

—¿Sos o te hacés? —Señaló la mesita ratona—. Ahí tenés un mapa del lugar y además dice "duchate cuando te levantés" y tiene el baño marcado con una cruz. ¿Estás ciega?

La pelirroja no había notado el papel blanco sobre la mesa que también era blanca.

—No lo vi —admitió.

—Vamos. —Irina tomó la muñeca de Anahí y tiró con fuerza—. No hay mucho tiempo. Corré, seguime hasta el baño, duchate en cinco minutos. Delfi te dejó ropa lista. Peinate más o menos y nos tenemos que apurar a la oficina de reuniones.

Sin dejarle tiempo a contestar, la morocha empezó a correr por el pasillo, arrastrando a Anahí.

—¿Por qué el apuro? ¿Dónde estamos?

—Ya te lo dije —contestó Irina con la respiración agitada. Su voz resonaba entre los pasillos—; estás muerta, este es el purgatorio. Y nuestro hogar se llama El Refugio. Ya te voy a explicar mejor, ahora apurate.

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