70.-Arreglos músicales y del corazón.

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¿Hay algo peor que te haga el chico que rompió tu corazón? Que él mismo te lo repare.

Si, te dejé hablar, me explicaste que estabas arrepentido, que habías sido un cretino o peor que eso.

—No merezco que me perdones, y si no quieres hacerlo, lo entenderé, decirte que te quería lejos fue la peor decisión que tomé—respiraste profundamente—. Claro, en ese momento no lo pensé así, pero al día siguiente me sentí vacío, no tener tu apoyo fue bastante duro y saber que yo tenía la culpa de eso me hacía sentir frustrado y a la vez miserable...

—Está bien, no te preocupes más, ya cambiaste de parecer—te di una palmada en la espada y me encaminé.

—Aun no termino de hablar—añadiste—. No podía venir aquí y pedirte perdón como si nada, tenía que hacer algo al respecto.

— ¿A qué te refieres?—regresé a ti—. Sólo una última disculpa verdadera es suficiente.

Te acercaste y sacaste algo de tu bolsillo, un CD.
—Toma, esto es tuyo—dudé en tomarlo, pero al final accedí—. Es un demo, bueno, en realidad es el disco que saldrá a la venta.

— ¿Quieres decir que el disco habla sobre mí?

—Quiero decir que el disco eres tú. La música eres tú.

—¿No odiabas la música?—quise hacer referencia a las dos cosas.

—Eso pensaba, pero cambie de parecer. Cuando te perdí comencé a componer como loco, hace mucho que no tenía inspiración. Nuestra ruptura fue la inspiración, necesitaba desahogarme, estaba deprimido y escribí todo lo que nunca te dije, cosas buenas y malas, toda tu esencia.

—De acuerdo, lo escucharé—no podía creer que habías hecho esto para mí—. ¿Qué paso con las otras canciones que tenías para el disco?

—Eran fatales, horribles, horrendas, canciones pop hechas de plástico, por eso lo odiaba, no eran música de verdad.

—Me alegra que lo hayas arreglado todo.

—Arregle eso, pero no arregle nada contigo—confesaste, yo no mencioné nada—. El estudio de grabación dice que soy mejor escribiendo sobre cosas tristes en vez de cosas que me hacen feliz, es por eso que me dejaron cambiar las canciones.

—Aparte se vende más de desamor—dije en broma.

—Entonces ganaré más de lo previsto—reíste también.

—Pero hablando en serio, si tuvieran que elegir entre melodía, ritmo o armonía, tu eras armonía, estabas feliz todo el tiempo, componías con alegría, eso era lo que te hacia especial.

—Eso era antes, aunque ya estoy volviendo a eso. Aunque me hace feliz que me recuerdes así, y no como fui contigo las últimas veces—comentaste—. Pero vamos, te estoy dedicando una obra maestra.

—Eh, todavía no lo escucho—repliqué—. No me decepciones.

—Eso espero—te sentaste en la banqueta y segundos después yo también—. Jamás quise decepcionarte en nada y lo hice en todo, sigo lamentando tu perdía, aunque salió algo bueno de aquello, pienso que te gustará.

—Lo hará, gracias—me sonrojé e incliné mi rostro.

—¿Gracias?—giraste hacia mí y me tomaste por el mentón—. Yo soy el que te debo dar las gracias en vez de culparte. Gracias por plantar este sueño, ya estoy aprendiendo a vivir así, gracias por ser mi inspiración, gracias por ser siempre sólo tú en mi vida.

Me recargué en ti, y seguimos sentados en la banqueta de la calle, hubo un silencio, pero no fue incomodo, lo disfrutamos ambos, incluso cuando los pajaritos nos traspasaron.

—Lo único que te pido es que escuches el disco, si después de eso quieres que sigamos alejados lo entenderé—repetiste.

—Sigues con lo mismo, eso no pasará. Aunque pareciese que quieres eso.

—No, por supuesto que no, nada me haría más feliz que recuperarte, así compartiría mis logros a tu lado—pensé en tu respuesta mientras seguías hablando—. Entonces te pediré algo más, tienes la única copia que ha salido, por favor no la publiques.

— ¿Qué?—respondí—. ¿Crees qué me robaría todo tu trabajo y lo filtraría en internet?

—No, sólo jugaba.

—Torpe.

—Siempre, por cierto, creo que robé algo tuyo—me miraste pícaro.

— ¿Disculpa?

—Pedí las recopilaciones tuyas que están guardadas en los archivos de la escuela—admitiste—. En la canción 3:45 se escucha un piano, eres tú tocando.

— ¡Eso es plagio!—me alteré—. ¿Cómo pudiste?

—Sabes que soy de confianza, las regresé después de ocuparlas. Además, serás famosa, no se de que te preocupas.

—No vale sino salen créditos para mí.

—Si salen—me aliviané—. Aunque en letras muy pequeñas, demasiado pequeñas.

—Torpe.

—Siempre—dijiste—. Hablando de torpeza, también olvidé mencionarte que sólo una canción no habla de ti, es la de mi primer sencillo que ya tiene video y todo eso, no podía quitarla porque ya la habíamos producido y vendido.

—¿Y al menos es bonita?

—A comparación de las demás que había, si, fue la única que se podía rescatar.

—Entonces ya hiciste los arreglos musicales.

—También los del corazón—admitiste y rápidamente cambiaste de tema—. Si vez una anomalía en el demo, es normal, aún estamos trabajando, ya que el disco real saldrá hasta el próximo año.

—¿Y cómo vas con ello?—hice muchas preguntas sobre la disquera, y respondiste cada una de ellas de manera gentil, me explicaste muchas cosas que no conocía, estuve al tanto haciendo objeciones, sugerencias y felicitaciones.

Hablamos por varias horas, también platiqué lo que había sido de mi vida, fue un momento ameno, hasta que comenzó a oscurecer.

—Que rápido se ha ido el tiempo—agregaste—. Continuamos aquí.

—Lo sé, ya hace un poco de frío—froté mis brazos con las manos y enseguida te quitaste la funda de guitarra que colgaba y me diste tu chaqueta.

—Gracias—la tomé y la usé.

—Debería llevarte a casa—asentí y nos paramos sincronizados, reímos por eso y nos fuimos—. Ahora estoy mucho mejor, gracias por entenderlo, no podría irme así.

Entonces recordé que pronto te irás, y no estabas hablando de irte de aquí, sino de irte lejos por tus proyectos musicales.
Por fin comprendí porque estabas haciendo esto, no querías volver conmigo, y si lo quisieras ya no podrías, sólo estabas tratando de terminar bien conmigo, teniendo un bonito recuerdo de nosotros o de lo que solíamos ser.

—Entiendo, yo también haría lo mismo antes de llegar a la fama—agregué.

—Gracias—volviste a decir.

El resto del camino a mi hogar permanecimos en silencio, cada quien en sus propios pensamientos. Pero en mis pensamientos estabas tú.

Llegamos y te entregué la chaqueta, te acercaste a mí para darme un beso como acostumbrabas, no obstante, algo te detuvo y sólo alzaste tu mano en forma de despedida, yo te devolví el movimiento.

—¿Irás al baile, verdad?—sólo asentí—. Entonces te veré allá—te fuiste después de eso.

Me apresuré a entrar a mi recamara para escuchar el dichoso disco.

A un músicoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora