Parte I

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La sala estaba vacía, esperaba mi turno para la consulta con la psiquiatra, hace unas cuantas semanas que el psicólogo me remitió con ella, ya tengo más de un año en esta faena, es una sensación muy incómoda, estar en la misma habitación con la Dra. Abigail Márquez, y charlar con ella ni hablar, es una mujer demasiado hermosa, me desconcentra observar sus ojos delineados, su cabello castaño en ondas, sus labios carnosos y rosas... esto es solo la punta del iceberg, tiene un cuerpo espectacular, no sé si hace esto a propósito, siempre lleva un escote muy revelador debajo de su bata blanca médica, viste faldas un poco cortas que eternamente me llevan a perder la concentración cuando mueve sus piernas para cambiar de posición, puedo ver a través de ellas acostado en el diván, suele usar ropa interior con encajes muy llamativos, de colores seductores como rojo y violeta.

No sé si es una mujer casada, no he escuchado en los pasillos de la clínica hablar sobre ella, más que los mismos comentarios pervertidos que surcan mi cabeza cuando veo sus senos desde el diván. Ciertamente no confió mucho en ella, sigo viniendo porque mis padres continúan pagando las terapias, y por supuesto para seguir recorriendo su cuerpo con mi mirada.

Llegar a una conclusión de mi "trastorno" lo veo como una solución lejana, esta mujer tiene un aire lascivo, suele agacharse y mostrar el trasero cuando recoge su bolígrafo, o mueve sus enormes senos cerca de mí para mostrarme sus apuntes. No sé qué pensar, no estoy seguro si posee esa misma actitud con sus demás pacientes o solo deposita esa confianza felina conmigo, he usado todas mis fuerzas para contenerme y no quitarle la ropa a mordisco y hacerle el amor encima del diván que tanto odio, escuchar sus gemidos en todo el lugar y que la gente sepa que fui yo el causante de sus gritos cuando me vean salir de la habitación junto a ella.

Pero ser paciente es una de mis cualidades, en cualquier momento la doctora me dará la señal indicada para abordar y si tengo suerte, no se resistirá a mi ataque.


Cruz de Camino¡Lee esta historia GRATIS!