[único]

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Había una zona en Cheongdamdong en la que todo dejaba de ser apartamentos opulentos y casas metropolitanas para convertirse en una calle tradicional, donde había contadas seis casas que ocupaban todo el perímetro. Casas con estructuras tradicionales, inspiradas en la Dinastía Joseon de hace muchos siglos atrás en Corea. La casa del final de la calle, la que era más pequeña pero no por eso menos histórica, le pertenecía a Kim Jongin, tenía veinticuatro años, y era un joven taciturno, callado, y triste.

Jongin heredó la casa hace muchos años de su abuelo, aunque la misma se mantenía bajo el nombre de su hermano mayor. Esta casa tenía tanta historia para contar, no sólo de su familia, sino también de sucesos que remontan a hace cuatro años atrás. Jongin solía ser una persona animada, su risa se escuchaba frecuentemente por los corredores del lugar y su sonrisa iluminaba cada espacio de la casa. Hace cuatro años Jongin solía tener motivos para estar feliz pero ahora sólo era un cuadro más colgado en la pared, puesto ahí, sin vida.

Hace cuatro años Jongin despertaba con una melódica voz cantando a capela en su oído; caricias furtivas cincelaban sus facciones y «Jongin-ah hora de levantarse» era su pan de cada día. Un Jongin perezoso, intentaba abandonar las mullidas sábanas, pero antes de siquiera intentar abrir los ojos, besos suaves se repartían por su rostro dando paso a una onda de risas porque «¿Cómo quieres que me levante si haces esto? Estás jugando sucio» Abría los ojos lentamente y la figura de él le acariciaba la vista con suavidad y entrega.

Jongin amaba despertar y encontrarse con él, con Kyungsoo.

Posiblemente no recuerda qué hacía antes de conocerlo, simplemente porque su vida era inhóspita y miserable. Los únicos recuerdos que tiene son de Kyungsoo en la cama, Kyungsoo en la ducha, Kyungsoo preparando el desayuno, Kyungsoo dibujando, Kyungsoo, Kyungsoo, Kyungsoo...

Sus pulmones, su fuerza, el aire que lo mantenía con vida. Kyungsoo lo era todo.

Dentro de la casa contaron su historia de amor, crearon momentos, sembraron flores, bailaron, cantaron, pelearon y se reconciliaron. Una historia de amor que tristemente se vio irrumpida por los azotes de la vida, tan soez, tan amarga, tan cruel.

Todo se vino abajo cuando, un accidente, le arrancó a Jongin la posibilidad de bailar con destreza y a Kyungsoo la vida.

Estaba tan oscuro el camino a Busan aquel invierno, Jongin apenas podía mirar porque la niebla había insistido en su vidrio durante todo el trayecto. Cuando Kyungsoo sugirió que debían parar a mitad de carretera por su bien, ya era demasiado tarde.

Desde entonces no hay tonadas y besos en las mañanas, ni té en las tardes y flores e incienso en la tina del baño durante la noche. Ahora sólo están los cuadros pintados por Kyungsoo colgados en las paredes y su presencia viviendo más allí que en el cementerio. A Jongin no le importó, y no le seguía importando cuatro años después. El recuerdo de Kyungsoo en su hogar era lo único capaz de mantenerlo en pie, aunque fuese obseso y bastante deprimente.

Jongin no se deshizo de la casa, muchos menos de la ropa de Kyungsoo, ni nada que se asemejara a su recuerdo. Todo permanecía ahí, intacto; como si el mismo Kyungsoo estuviera habitando el lugar. Los lunes, miércoles y sábados, Jongin cocinaba para dos personas como lo hacía antes, servía dos platos y se sentaba a comer mirando ese puesto vacío. Renco, bailaba en las tardes delante de una silla mecedora, la que Kyungsoo solía ocupar para verlo bailar mientras pintaba un poco. Jongin seguía comprando pintura nueva, y tableros para lienzo, seguía regando las flores, hablaba en las noches con Kyungsoo y se respondía a sí mismo y sonreía como si su antiguo amante estuviera allí.

Todo en su mundo, todo en Cheongdamdong, transcurría como si el accidente nunca hubiese ocurrido. Y Jongin estaba bien, Jongin podía llevarlo.

Es sólo que Joonmyun, su hermano mayor, quien además era psicólogo, le decía que mentalmente estaba mal y que lentamente se estaba haciendo daño.

Horror en Cheongdamdong → Se(Kai)SooDonde viven las historias. Descúbrelo ahora