Se que lo que dije era una locura pero era la verdad necesito salir del infierno que vivo.

—Estaré contigo en todo esto, voy a estar contigo— aseguro y me beso.

Me pare y la tome de la mano.

—Vamos al agua.— ella negó. — si no lo haces tu lo haré yo.— sonrió.

—Mojaras tu auto.— me quite la camisa y salí corriendo.

—¿Importa? — me metí al agua apesar de estar fría no era insoportable.

—¿Fría? — volteo y esta Nevae, solo con el short que trajo y no tenía blusa quedándose en en sostén.

—No, ven— ella de puntillas se metió. Llego a mí, enrollo sus piernas en mi cadera y me beso.

—Somos unos locos. — solté una carcajada.

—La vida solo se vive una vez.—ella sonrió y se sonrojo.

Paso un tiempo y empecé a congelarme.

—Evan, tus labios están morados.— la tomé bien y salí con ella del agua a la orilla. Y me beso mis labios estaban ahora cálidos gracias a sus tibios labios.

(...)

Ya estábamos en el auto y ella reía.

Llegamos a su casa, salió del auto y me beso.

—Necesito dormir. Fue la mejor noche. — volví a besarla.

—Descansa.— puse en marcha el auto, pase por la casa de mis padres y todos los recuerdos vinieron a mi mente desde que pase los mejores momentos, hasta cuando me caía y me raspaba la rodilla y mi mamá venia a ver que pasaba. No sé porqué me fui, el dinero fácil me llevo a un mal camino.

Esta vez todo será diferente y me encargaría de que así sea.

Al día siguiente fui al trabajo, pase toda la mañana ahí, hasta que por fin el remordimiento me hizo reaccionar.

Fui a ver a Matthew, hoy tenia el día libre me imagino estaba con su esposa. Llegue y me saludaron, su esposa se veía bien como madre, apesar de no tener un embarazo muy avanzado se le notaba un poco su panza. El se le veía feliz, tuvimos cuidado de no hablar del trabajo, su esposa no sabe que el es un mafioso o más bien el ayudante de un mafioso.

Al pasar la tarde había ido a mi departamento, descanse me di una ducha, pero no tenia ganas de hacer nada. Nevae no había llamado aun, Emma menos a lo mejor se reconcilió con su novio.

El tema de mis padres aun me carcome la mente, me siento frustrado al no poder llegar fácilmente y decirles que soy su hijo seria un trauma muy grande al igual que la sorpresa.

Pero no todo estaba perdido porque tenia la esperanza de que ellos me toman todavía en cuenta y apesar del dolor que les e echo pasar se que no me odian, supongo.

(...)

Mis manos me sudaban, Nevae me tenía agarrado de la mano, el calor que se fundía en nuestras manos no me ayudaban hacían mi inquietud más constante y fuerte.

—No pasará nada.

—¿Y si me odian? — pregunté.

—No lo harán, lo juro.

Toque la puerta, pero antes de que abrieran tuve el impulso de salir corriendo y no hacer nada. Pararme en la puerta había sido un reto.

Una mujer hermosa abrió la puerta, sus ojos color avellana, nos miraban con intriga.

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