Condenada

249 22 3

Respiraba de forma acelerada al mismo tiempo que apretaba y soltaba repetidamente la daga en mi mano, la que de pronto pesaba más que nunca. Sabía a la perfección lo que tenía que hacer pero no me sentía capaz, a pesar de que estaba consciente de que no tenía otra alternativa.

- ¿Qué estás esperando?

Solo con el tono de su voz me quedo claro que estaba enfadado y que tenía que actuar rápido antes de que decidiera hacerme pagar. Podría soportar que me torturara por horas e incluso días si eso me libraba de mi destino pero él nunca me había dañado, de algún modo siempre supo que la única forma de tenerme bajo su control era lastimando a quienes más quería, ya había matado a mi perro y puesto en coma a mi mejor amiga, no podía arriesgarme a que le hiciera daño a alguien más pero estaba claro que no iba a ser capaz de esto. Tenía sangre en mis manos, literal y metafóricamente hablando pero había una gran diferencia entre matar a personas horribles que habían hecho tratos que no sabían manejar a un inocente bebé, que no debería estar pagando por los errores de sus padres.

- ¿Por qué? Yo estoy viva, ¿Por qué él tiene que morir?

- ¿No lo entiendes niña tonta? Es una abominación, no es natural, no podemos correr el riesgo de que dos de ustedes estén vivos.

Si bien mi mayor error fue nacer, fue a los diez años cuando realmente me metí en este problema. Recuerdo que estaba en clases cuando me dijeron que mi mamá me estaba esperando en la recepción del colegio pero una vez que llegue ahí no había nadie, solo un hombre vestido completamente de negro que aunque se veía tan normal como cualquier otra persona, al verlo la primera reacción que tuve fue pánico y el deseo de salir corriendo de ahí. Ahora me doy cuenta de que en el fondo sabía lo que el era desde el momento en que lo vi, algo que tenía sentido ya que él era un demonio y yo tenía sangre demoniaca corriendo por mis venas, a pesar de que en ese momento no lo sabía.

« Sientate, Constance» Fue la instrucción que me dio mientras luchaba por abrir la cerradura de la única puerta de la recepción, la cual ni siquiera lograba girar así que no me quedo otra que hacerle caso. No me quiso decir su nombre, y hasta el día de hoy sigo sin saber si es que siquiera tiene uno, pero me dejo bastante claro qué era él y qué era yo.

Ese día aprendí que los demonios existen y que mi padre, al cual nunca conocí era uno. También aprendí que no tengo alma ni nada parecido y que mientras nadie me apuñale en el corazón podría vivir miles de años pero claro, él no estaba ahí para darme clases de cómo funcionan las cosas en el infierno ni nada, él estaba ahí para ofrecerme un trato; trabajar para él o morir. No me entiendan mal, no quería tener nada que ver con él ni con nadie de su especie pero al parecer, el no tener alma significaba que en el momento que muera, si es que alguna vez muero, voy a dejar de existir y literalmente no quedara nada más de mi que un cuerpo y a esa edad desaparecer sonaba aterrador así que acepté el trato, algo que llegó a parecer una buena opción por unos cuantos años.

A partir de ese momento viví relativamente tranquila por unos buenos pero cortos siete años, en donde llegue a pensar que tal vez solo había sido una horrible y vivida pesadilla, aunque en el fondo siempre supe que no era así en lo absoluto y que en cualquier momento él volvería.

Ese momento resultó ser el día de mi cumpleaños numero diecisiete, hace ya casi diez meses. Fue entonces cuando de verdad entendí lo que implicaría trabajar para ellos pero claro, ya no era una niñita asustada y un valor que no sabía que tenía decidió aparecer justo en ese momento así que me negué, una decisión bastante tonta ya que con solo chasquear sus dedos mató a mi perro como una forma de amenaza. Me dijo que si no hacía todo lo que él me dijera, lastimaría a mi familia a cualquier persona a la que alguna vez le hubiera tenido afecto así que no me quedo otra que manchar mis manos y mi inexistente alma con sangre y muerte que hasta el día de hoy seguían persiguiéndome y torturándome cada vez que intentaba dormir.

Condenada¡Lee esta historia GRATIS!