Capítulo 44. (Él)

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— ¿Por qué me seguís todo el tiempo? ¿No tenés otros amigos? —le pregunté apenas me di vuelta y su cuerpo chocó contra el mío.

Caminaba tan pegado a mí que casi pisaba mis talones. Estaba siguiéndome por toda la casa.

—Sí, pero vos sos mi amigo favorito. ¿Querés que te acompañe? —indagó poniendo sus brazos en su cintura.

Caminé a través de la habitación y el continuó mirando cada uno de mis movimientos, como si fuese mi mamá.

— ¿Querés venir? ¿En serio? —pregunté sorprendido.

¿A quién le gustaría ir a un evento de una revista de modas? A nadie. Y estaba furioso con Paul, como de costumbre, por comprometerme con esta mierda. No quería más eventos estúpidos. Quería concentrarme en el estudio de grabación.

—No, pero podría acompañarte un rato —explicó sincero.

Se lo agradecí por dentro. Todo sería más agradable con Agustín ahí.

—Apúrate —le pedí mientras calzaba mi pantalón—. Tenemos que estar allá en 15 minutos, Paul me pateará el trasero si llegamos tarde.

—Cómo siempre —agregó.

Rápidamente comenzó a buscar su atuendo en el armario, justo enfrente del mío.

— ¿Tenes jeans negros o azules?

—Acabo de ponerme unos negros —respondí y volteé a mirarlo.

Teníamos dos maneras de vestir: jeans azules o negros, camisas rayadas o cuadrilles. Me resultó gracioso que me preguntara para que no vayamos igual vestidos.

— ¿Vas a ponerte camisa a rayas o a cuadros? —retruqué divertido.

—A cuadros —contestó.

Tomé la rayada de mi placard. Abrí los botones para ponérmela. Me senté en la cama para colocarme las medias y los zapatos. A los pocos segundos, sentí el peso del cuerpo de mi amigo del otro lado.

—Y, ¿qué se supone que tenes que hacer?

—Nada. Sacarme un par de fotos en la entrada y permanecer dentro por dos horas.

–Al menos hay alcohol caro —se encogió de hombros.

Cómo si eso justificara todo lo anterior.

Unos minutos después, ya estábamos bañados en perfume e increíblemente formales, ¡hasta con zapatos!, en la camioneta.

— ¿Por qué no invitaste a Oriana? Con esa preciosura al lado no podes aburrirte nunca. Encontraría una manera de divertirla, eso dalo por hecho —exclamó cuando frené en el semáforo.

Tomé aire profundamente. Inhala, exhala. Sentí la sangre acumulándose en mis venas.

—Paul me avisó hoy a la tarde. Ella iba a matarme si le avisaba que tenía un evento con menos de tres horas de anticipación —expliqué y él asintió mirando a la ventana. Giré mi cabeza y puse mis ojos sobre él. Cuando sintió mi mirada, giró para verme—. Y, por favor, tene en cuenta que es mi novia de quién estás hablando —le aclaré.

Ninguna manera de divertirla.

–Bueno, ¿si sabes que no es tu novia en realidad, no? —bromeó en un tono que no me hizo ninguna gracia, ¿por qué todos se ponían de acuerdo para ponerme de mal humor? —. Relájate, hermano, estoy bromeando.

Lo que digas.

—Demonios, mírate, ¿qué fue lo que te pasó? —me preguntó casi sin poder creerlo.

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