—Despertate.

Escuché una voz lejana. Estaba soñando. Y quería seguir haciéndolo.

—Mamá, basta —susurré para darme vuelta en la cama y acomodar mejor mi cuerpo.

Tenía un brazo acalambrado que no dejaba de molestarme.

—Hiciste muchas cochinadas con tu mamá anoche.

Apreté los ojos y sentí una mano sobre mi cabello. Me despeinó con fuerza. Me senté en la cama, con todo el pelo sobre mis ojos, pensando en cómo pude confundir a mi mamá con la súper estrella.

—Buen día —dijo sonriente y lo observé.

Estaba sentando sobre la cama, en cuero y con un short deportivo. En el pie de la misma, una bandeja repleta de comida que hizo que mi vientre rugiera. El aroma a café entró rápidamente por mis fosas nasales y ahora todo me parecía mejor.

—Es viernes y tenemos cosas que hacer. Quiero que me acompañes al estudio. Hice el desayuno. Y acabo de desordenarte el cabello y ahora está sobre tu cara.

Hice caso omiso al resto de las palabras y me concentré en la última oración. Cómo si no me hubiese dado cuenta.

—Sí, me doy cuenta —dije obvia, admirando su buen humor.

Largó una pequeña risa. Me quedé unos segundos petrificada. Había preparado el desayuno para los dos, después de una noche llena de alcohol y fiesta.

Aún sentado sobre la cama, se estiró hasta su cómoda para tomar una remera y revoleármela por los aires. Me la puse en el momento, un tanto avergonzada ya que ni cuenta me había dado de que estaba desnuda.

—Veni —lo llamé, abriendo las sábanas.

En poco tiempo se acomodó a mi lado. La piel se me erizó al sentir su piel, tan caliente cómo siempre.

Rodeó mi cuerpo con su brazo y me atrajo a sí para pegarme a su cuerpo. Lo miré como si fuese una obra de arte y dejé la palma de mi mano sobre su abdomen. Confirmado: era una obra de arte.

— ¿Cómo podes despertarte tan enérgico?

— ¿En serio me lo preguntas? —me miró serio y luego le echó un vistazo a mi cuerpo, debajo de las sábanas. Mis mejillas no tardaron en enrojecerse—. ¿Por qué seguís sonrojándote conmigo? —preguntó divertido.

Apretó su agarre en mi hombro cómo si estuviese abrazándome con un solo brazo.

— ¿Cómo viniste? —curioseó enseguida.

"Por favor, no cambies tu humor ahora".

—Paul nos trajo —me limité a decir.

Él abrió los ojos rápidamente. Estaba asombrado. Sin embargo, su cuerpo no se movió ni un centímetro.

Entonces recordé: Jenny. Él me leyó los pensamientos una vez más:

—Tu amiga está en el cuarto de al lado, muy ocupada con mi amigo, ¿por qué las trajo Paul? —aclaró mi duda sólo por cortesía, sólo le interesaba Paul.

—Te lo dije ayer, y me acusaste de estar armando un complot con él en tu contra, ¿no te acordas? —le dije irónica, todavía no podía creer que esas cosas pasaran por su mente.

— ¿Lo estás haciendo? —indagó.

Me reí.

—Me llamó para avisarme que habías organizado una fiesta y que la prensa estaba en la puerta y que no tenía sentido de que pases la noche rodeado de mujeres cuando tu novia no estaba acá y.... —tomé aire, remarcando la última letra—. Tenía razón —ladeé la cabeza para mirarlo.

Enseguida hizo un gesto disgustado.

—Sí, estás complotando con él en mi contra —sonrió de lado y yo festejé su chiste.

Cómo siempre. Cómo todo. Todo lo que él hacía me parecía maravilloso y yo siempre iba a estar ahí para festejárselo.

—Fue un poco impulsivo de tu parte —lo reté.

De repente me sentí Paul. Opté por no decir más nada para que no terminara odiándome.

— ¿Qué pretendías que haga después de verte en vivo, por televisión, en ropa interior? —preguntó exagerado—. Y, cómo si fuese poco, me bloqueaste.

Me miró divertido.

—Te advierto qué... —comenzó a hablar con un tono rencoroso. Me reí al notar lo mucho que le molestaba eso—. No tiene sentido que me bloquees y después te acuestes conmigo.

Juntó sus labios con fuerza para hacer un gesto sobrador.

Lo miré rendida. Intenté separarme pero el sólo me sostuvo con más fuerza, mientras largaba una carcajada. Me acomodé contra su cuerpo de lado. Pasé mi brazo entero por su abdomen y la sostuve en su cintura. Su brazo seguía apretándome contra él por mi hombro. Con su mano libre comenzó a acariciar mi rostro y mi cabello, casi sin verme de lo cerca que estaba de él.

Permanecimos en silencio unos segundos. Y todo se sentía increíblemente bien.

—Podría acostumbrarme a esto, ¿sabes? —dijo y escondí mi cara entre su cuello.

Yo también podría hacerlo, celebridad.

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