Capítulo 41.

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—Y, ¿qué van a hacer? —preguntó mi amiga desde la silla del escritorio.

—No sé, dijo que iba a buscarme por la tarde —me limité a decir mientras miraba todo a mí alrededor.

No pasaba mucho tiempo en la habitación de Jenny pero era muy cálida. Todo estaba bien decorado, las velas y el rico aroma te atrapaban. Todo lo contrario a mi cuarto, que había quedado totalmente olvidado. Debía adornarlo, no había dudas.

—Por la tarde, ¿antes o después del desfile?

Levantó una ceja y me senté de golpe para mirarla aterrorizada. El desfile. Lo había olvidado por completo.

— ¡Jenny, el desfile! —grité, cómo si le estuviese dando una noticia.

—Oriana, ¿lo habías olvidado? —preguntó abriendo los ojos, casi tan sorprendida como yo.

Jamás se me olvidaban estas cosas. Siempre había estado muy comprometida con mi trabajo.

—¡Diablos!

Maldije mirándome al espejo detrás de la puerta, aún sobre la cama. Los moretones de mi cara no habían desaparecido del todo, aunque estaban muy leves. David me mataría si me viera en este momento.

—Mierda, David llegará hoy —chillé luego de recordar que me había avisado que vendría a Los Ángeles para asistir al desfile y acompañarme.

—No puedo creerlo —dijo mi amiga y se sentó frente a mí.

—Tengo una cita con Julián. Una cita. Con Julián. Una cita, una de verdad. C.i.t.a —repetí entre-cortadamente.

Quería que entendiera lo que eso significaba para mí.

—Y vos. No. Podes. Ir —exclamó imitándome.

—Jenny, ¡tengo una cita con él! ¿Tenes idea de lo que esto significa para mí? —grité al borde de la desesperación total.

—No, amiga, no tengo idea de lo que esto significa para vos porque siempre me mantuviste al margen de esto —dijo tranquila, aunque con una pizca de rencor en su voz.

La miré por unos segundos. No podía decirle nada porque estaba en lo cierto. Siempre, para evitar que me juzgara o contarle detalles, terminaba evadiendo cualquier charla sobre Julián con ella.

Me tomé la cabeza entre las manos y escondí mi rostro entre mis piernas.

—Ori —me llamó. Levanté la mirada—. Llámalo. Mandale un mensaje. Es un desfile. Pueden arreglar su cita antes o después, no es tan malo, ¿o sí? El entenderá, es trabajo.

No, amiga.
Había estado esperando que llegara el momento desde que él me propuso esto. Él había estado preparando algunas cosas, lo sabía porque se había encargado de pedirme que lo esperara lista y no me demorara un segundo.

Se estiró sobre la cama para tomar mi celular de su mesa de luz. Me lo ofreció. Lo tomé dudosa.

"Olvidé por completo que tengo un desfile en horas. ¿Podemos hacer un cambio en la fecha y el horario?"

Tecleé, intentando no mostrar desesperación. "Por favor", pensé.

—En serio, Ori, esto está siendo muy dramático —largó una pequeña risa. Me relajé cuando acarició mi mano—. Tienen todo el tiempo del mundo para salir por ahí.

Todo el tiempo del mundo significaba...el tiempo establecido en el contrato. Una cita, verdadera, no podía darse cualquier día.

Asentí, solo para complacerla.

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