Once.

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Capítulo once: Naves y pollitos.

El último mensaje de mi amiga era:

«Estaré esperando tu reacción por la mañana, te quiero».

La iba a golpear. Había estado preguntando cosas por twitter para que yo le escribiera. Y es que los mensajes que yo escribía ni siquiera se entendían.

De: Mae.
Hora: 10:24 am.

«Te voy a golpear, muy fuerte».

Hablé con ella por al menos una hora, se había estado riendo de mí. ¿Para que enemigos si tenía a Mia?

—Buenos días —habló Derek tocando la puerta y entrando.
—Algo así —Hablé tallándome los ojos.
—Te traje una pastilla y café. Ah, y galletas porque no sé cocinar.
—¿Por qué tan servicial? —pregunté mientras se acercaba para sentarse a mi lado.
—No sé, ayer te vi triste.
—Gracias hermanito —Lo despeiné y él sonrió entregándome las galletas y el café.
—Te dejaré la pastilla ahí —Señaló la mesita de noche y puso el empaque.
—¿Necesitas algo?
—En realidad no, ¿vas a trabajar hoy?
—No, no voy hasta el lunes, pero luego debo ir a casa de Grace para ayudarla con sus tareas.
—¿Vamos al cine?
—Seguro —sonreí asintiendo y él alzó los brazos saliendo de mi habitación.

Okay, eso fue extraño.

Me duché, y cambié con paciencia ya que mi hermano estaba arreglándose.
Y es que el tipo a veces se demoraba más que yo.
Pasé la mañana y parte de la tarde con él, almorzamos en la calle, tomamos helado y vimos una película. Me divertí, pero de todos modos era raro, si bien es cierto pasaba mucho tiempo de calidad con mi hermano, estaba siendo muy bueno. No lo había oído llamarme fea y eso ya era bastante extraño en él.
¡Incluso se había ofrecido a dejarme en casa de los Gunn!

—Te veo luego, ¿quieres que venga por ti?
—Eh, no gracias... Puedo regresar sola —hablé y él sonrió abrazándome y luego se fue.

Seguro quiere dinero.

—Adiós hermana —Se despidió mientras subía al auto y se fue.
—¡Loco! —grité y caminé riendo directo a casa de Grace. Toqué la puerta y un gigante abrió la puerta.
—¡Mae!
—Eh... Hola... Tú.
—Soy Zeke —rio mirándome y asentí.
—Lo siento, soy mala con los nombres. Hola Zeke.
—¿Cómo estás?
—Eh... Bien, ¿tú? —alcé las cejas una vez intentando ser amable. Parada fuera de la casa.
—Bien, vine a dejar a mi hermana y al final me quedé, Joe estab...
—Déjala pasar, Zeke —oí la voz de su amigo desde adentro. Entonces el grandullón reaccionó y se movió para dejarme pasar.
—Gracias —acomodé un mechón detrás de la oreja y caminé encontrándome con mamá Gunn.

Nota: Sigo sin saber su nombre.

—Hola, Mae —saludó seria, como siempre.
—Buenas tardes señora Gunn.
—Pasa, Grace está en la sala de estudio.
—Sí, gracias —asentí y di un par de pasos siendo detenida por Joseph que caminaba por el pasillo.
—Hola —sonrió de lado.
—Hola —saludé y seguimos de largo.

¿Qué rayos fue eso?

—Y la nave aterrizó y el pollito pío pío —cantaba Grace junto a una tableta con la funda de una rana.
—Hola, Grace.
—Mae, hola —Me sonrió y agitó la mano para que me acercara— mira, papi me la compró.
—Qué linda, ¿qué haces oyendo esa canción? —reí sentándome a su lado.
—Es que en el colegio nos dijeron que debíamos aprenderla y Joe me ayudó a subirla aquí.
—Divertido, ahora las tareas.
—Bien —alargó dejando el aparato a un lado y sacó sus cuadernos.
—¿Hiciste los ejercicios de matemática?
—Sí —asintió sacando el papel de un cajón para ponerlo frente a mí— Zeke quería responderlos por mí, pero no lo dejé.
—Me parece muy bien —alcé la mano y ella la chocó— además... Oh, todas están correctas —hablé luego de revisarlas— ¡Bien!
—Gracias —sonrió abriendo uno de sus cuadernos.

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