—Quiero decir, tan solo míralo, es perfecto el hijo de puta.

Harry y Kaya se encontraban en las gradas del estadio de la universidad, justo en el lugar perfecto para mirar a los jugadores, como solían hacer desde que se conocían, con la excepción de que ahora Harry solo miraba a Louis, y hablaba en voz alta de todas sus cualidades.

Terminó el primer tiempo del juego y Harry se levantó para no perderse ningún movimiento del castaño mientras se dirigía a las bancas para descansar. Y seguramente no se movería de ahí sino hasta que el partido terminara y Louis desapareciera en los vestidores.

—Mira como camina —suspiró—. Lo sabe, el desgraciado lo sabe, sabe que me vuelve loco y se aprovecha de eso —gimoteó frustrado pasándose una mano por el cabello.

—Harry —Kaya sonrió de lado arqueando una ceja—, ni siquiera te conoce.

—¡Eso es lo peor! —Exclamó— ¡Sabe que me vuelve loco y ni siquiera me conoce!

—No entiendo —su amiga rodó los ojos buscando algo en su bolsa—. De acuerdo, sí, él te gusta, mucho, ¿y qué? No eres la única persona a la que le gusta, no deberías sentirte tan asustado por hablarle. Es como un chihuahua escandaloso, ladra mucho, pero relájate, seguro no muerde.

—¡Hey! —Se quejó de la comparación—. Bueno... como sea, te juro que Louis me va a hablar antes que yo a él.

—Claro —respondió con sarcasmo.

Ahora Harry estaba decidido a hacer que sus palabras se cumplieran, y para eso necesitaba dejar de seguir los pasos de Louis desde las sombras y hacerse notar, y no se le ocurrió mejor manera que siendo él mismo, torpe y descuidado al caminar.

Compró una camisa nueva, de diseñador, la mejor que encontró en la tienda y probablemente muy formal para usarla en la escuela. Se puso los pantalones que mejor le quedaban, los que resaltaban su trasero de una forma que a él mismo le daría envidia si fuera alguien más, y por supuesto, sus botas doradas, las que atraían siempre todas las miradas.

Ese día por la mañana se lavó el cabello y usó un nuevo tratamiento que lo dejaría mucho más sedoso y brillante de lo normal, también pasó varios minutos de más en la exfoliación de su rostro, había pensado muy bien en todo, incluso se había levantado una hora antes de lo normal para tener tiempo de hacerlo todo. Usó su colonia favorita, la que Devon, Nicholas, Joe y sus demás pretendientes amaban que usara y pasó un buen rato frente al espejo de cuerpo completo asegurándose de que todo fuera perfecto.

Kaya notó el esmero en su arreglo personal de aquella vez, pero no dijo nada al respecto, continuaron con sus actividades normales, incluso aunque Harry revisara su reloj cada dos minutos ansioso por algo.

—Quiero un chai —le dijo en una de esas veces después de checar la hora—, vamos por uno.

Ella no se negó, continuó charlando acerca de sus planes para el fin de semana sin percatarse de que Harry no prestaba atención. Y justo como el rizado lo había planeado, en cierto momento cerca de la facultad de administración venían frente a ellos Louis Tomlinson y su amigo con el que siempre lo veía. Sintió su pulso acelerarse en anticipación y sus rodillas temblar, justo como era conveniente en ese instante. Contó los pasos, y en cuanto pasaron junto a ellos, fingió tropezar para chocar con Louis.

Sintió que pasó en cámara lenta, de la forma más dramática posible, en esas micro fracciones de segundo ya casi podía sentir los brazos de Louis sosteniéndolo y sus miradas perdiéndose en el infinito.

—Cuidado —dijo él sin embargo, sin mucho interés y ayudándolo gentilmente a enderezarse del todo pero sin por lo menos mirarlo ni detenerse, y retomando al segundo su charla sobre los futuros exámenes de Comercio.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!